Kiko
seduce a los maestros
‘HONORES
A LEONARDO LÓPEZ’
Espectáculo: XXIII Festival Flamenco de la
Campiña / Al cante: Diego Clavel, Calixto
Sánchez, Tina Pavón, Elu de Jerez,
Kiko Peña y Vanesa Rodríguez / Al
toque: Manolo Franco, Niño de Pura, Domingo
Rubichi y Antonio García hijo / Al baile:
Juan José Díaz con Lalo Tejada / Lugar
y fecha: Caseta Municipal de El Rubio. 24 de julio
de 2010
(Tres estrellas)
MANUEL
MARTÍN MARTÍN / EL RUBIO
Aunque haya quien piense que la mayor parte vence
a la mejor, la calidad es siempre mejor que la cantidad,
al menos en flamenco, donde de la espesura de un
cartel con seis cantaores y un grupo de baile, ha
descollado un año más Kiko Peña,
el chico que se convirtió en la revelación
de 2009 y que ahora, rodeado de maestros como Calixto,
Clavel o Pavón, ha demostrado no tener más
límite que su propio conocimiento.
Siguiendo con el refranero, es mejor pasar por buen
estudiante que por mal profesor. Así lo pensaría
la telonera Vanesa Rodríguez, la primera
cantaora de Marinaleda que se dejó el alma
en el empeño de exaltar las raíces
del cante, sobre todo por seguiriyas, malagueña
de La Peñaranda y caracoles de Chacón.
Pero hete aquí que salió el niño
prodigio, Kiko Peña, que, ajeno al infanticidio
cultural de Canal Sur TV y escoltado por un Antonio
García que sabe cómo apoderarse del
instante, abordó a sus sólo 14 años
unas cantiñas necesitadas de reposo pero
ricas en sabiduría y en espiritualidad. Luego
dejó huellas de historias vividas en los
tientos-tangos, donde exaltó a Manuel Torre
y a Gaspar de Utrera, y nos dejó sin palabras
al mostrarse entrañablemente maduro con las
seguiriyas del espeluzno, para despedirse a lo grande,
exhalando penetrantes brisas de romances al termómetro
de la calurosa noche.
Claro que hay quien, por el contrario, piensa que
si aprender es bueno, enseñar es mejor, tal
que Diego Clavel, en constante búsqueda a
la hora de ejecutar la granaína y las cantiñas,
perseverante en la soleá y desafiante ante
la seguiriya frente a la solidez del maestro Niño
de Pura, siempre recurrente, siempre sostén
del buen cante.
En muy buen tono se presentó Juan José
Díaz por alegrías, bailaor al que
nunca le agradeceremos suficientemente el que sacara
a escena a Lalo Tejada, maestra de la más
alta escuela que bailó unas sevillanas tan
portentosas y tan flamencas que fueron el mejor
reclamo para el homenaje a Leonardo López,
el popular Leo, ex de Los de la Trocha, manager
y productor pero por encima de todo un personaje
que si no existiera habría que haberlo inventado
porque aunque sevillista (nadie es perfecto), es
canela pura.
También nos llamó la atención,
igualmente, Elu de Jerez, que junto a la guitarra
magnífica de Domingo Rubichi salió
con aplomo en la soleá por bulerías
y, por más que se inmolara por fandangos,
consagrar con acierto todas sus fuerzas a la esencia
de las seguiriyas y al regusto de las bulerías
de su tierra.
La noche era, pues, como la que depara desde hace
medio siglo la Andalucía rural, para retener
en la memoria. Y así lo confirmó Tina
Pavón, que permitió que los olvidos
del mañana de cantes mineros como los de
Manuel Ávila o Encarnación Fernández,
así como los fandangos de Vallejo, germinaran
en un presente cargado de certezas, sin olvidar
su discreción en las cantiñas y bulerías.
Y al cierre, un maestro en sentido lato, Calixto
Sánchez, que avanza sobre los cantes con
piel de terciopelo, para no hacer ruido. Así
le vimos en las soleares de El Mellizo o cuando
coló los tientos por la poética de
Fernando Villalón, para proseguir haciéndose
lámpara en la oscura ánfora del romance
de Las Tres Cautivas o mecerse en el jardín
de primavera de cuanto le fue pidiendo el público
entusiasmado.
(Publicado
en El Diario El Mundo el día 26 de julio
de 2010)