Cabecera Colmao

Dios duerme en Cádiz

‘FLAMENCO VIENE DEL SUR’
Espectáculo: ‘Por un sueño’, de El Junco / Baile: El Junco, Susana Casas y Juan Carlos Guajardo / Cante: David Palomar y David el Galli / Piano: Ale Romero / Guitarras: Keko Baldomero y Juan Carlos Berlanga / Percusión: Roberto Carlos Jaén / Dirección artística: Juan Javier Sánchez Marin / Lugar y fecha: Teatro Central. 9 de marzo de 2010
(Cuatro estrellas)

MANUEL MARTÍN MARTÍN / Sevilla
El programa de mano invitaba a pensar que el bailaor gaditano tendría que encomendarse al Nazareno que habita en el barrio de Santa María. Craso error, porque en los tiempos que corren, en los que imaginar, idear y crear se cotizan muy alto, el triunfo de El Junco ha sido insultante.
Aposté por él hace veinte años en Punta Umbría, tiene unas cualidades inmensas y, en aras de buscar la creatividad, ha combinado sin pedantería la tecnología audiovisual y la dramaturgia con el baile a fin no sólo de definir un campo artístico, sino de proyectar un espacio conceptual sobrado de imaginación y hondura.
Placentera fantasía, pues, ‘Por un sueño’, donde si el envoltorio del atrás es de una calidad ostentosa, la esencia es El Junco (‘El Bailaor’) y Susana Casas (‘La Creatividad’), que no se evaporan como la lluvia contemporánea del bailarín Guajardo (‘La Muerte’), sino que constatan la creencia de ser creativos desde las primeras bulerías a ritmo ternario.
Pero soñar significa encontrar el camino, y eso lo quiere impedir La Muerte, que no puede con la virilidad de la farruca de El Junco y queda cegada por el foco creativo del taranto con tangos de Susana, donde los pies de los dos gravitaron entre el pensamiento lógico de los desplantes y el pensamiento lateral del braceo.
Tras una malagueña de David Palomar desmenuzada con la magia de La Viña, llega el mayor contenido emocional del sueño, la soleá de El Junco, indescriptible en su conjunto al combinar tan eficazmente la intuición del ángel de Cádiz con la razón académica del artista, y seguida de las alegrías con mantón y bata de cola de Susana, capaz de curar el insomnio con la chufla del cierre.
La Muerte, por su parte, no amilana a la creatividad ni aún destrozando la guitarra contra la silla. Antes bien, al Junco le persigue una idea, la de bailar por derecho, y la consigue, la atrapa, la hace suya y le da realce cuando con la daga de la seguiriya por fin extermina a su enemiga.
El corolario es claro. Si el sueño se hizo arte mayor y pudo a la muerte es porque el Dios de flamencos como El Junco y Susana Casas duerme en Cádiz.

 

(Publicado en El Diario El Mundo el jueves día11 de marzo de 2010)