Cambiemos
el modelo
‘FLAMENCO
VIENE DEL SUR’
Espectáculo: ‘Ti-me-ta-ble’ (o
el tiempo inevitable) / Baile: Marco Vargas y Chloé
Brûlé / Cante: Juan José Amador
/ Piano: Diego Amador / Percusión: Diego
Amador hijo / Músicas: Diego Amador y Raúl
Cantizano, entre otros / Colaboración coreográfica:
Juan Carlos Lérida / Dirección escénica:
Antonio Campos / Lugar y fecha: Teatro Central.
16 de marzo de 2010
(Una estrella)
MANUEL
MARTÍN MARTÍN / Sevilla
No le faltan motivos a la Asociación de Artistas
Flamencos cuando acusa a la Junta de Andalucía
de contratar y subvencionar siempre a los mismos
mientras la ciudadanía asiste impasible a
tanto favoritismo.
Vargas y Brûlé estuvieron el pasado
miércoles en el Teatro Municipal Alameda
y anteayer en el Teatro Central, también
de Sevilla, y con una obra ‘Ti-me-ta-ble’,
que ya se vio en el mismo foro durante la Bienal
de 2008.
Esto revela el uso que se hace del dinero público,
obscenidad que cuestiona los principios constitucionales
de capacidad, mérito e igualdad, y a la que
en rigor hacía frente Antonio Gades, que
llegó al baile para salir del hambre y que
mantenía la tesis de que “las subvenciones
se terminan pagando con la libertad”.
En efecto. Se está engordando de gloria artificial
a unos artistas que hace seis lustros estarían
en otros menesteres y urge, por ello, una revisión
total del modelo, pues son más fieles al
subsidio que al género que representan.
A Vargas y Brûlé se les ha colocado
erróneamente un luminoso de triunfadores,
pues les cuesta conservar lo jondo en el sentido
más profundo, no hacen ni un solo baile completo
y mezclan de manera burda mímica, teatro
y contemporáneo para gloria del cantaor Juan
José y, sobre todo, del vídeo de los
Amador, lo primero que mereció el aplauso
del público una hora después del comienzo.
La cuestión está en que es difícil
mantener los pies en el suelo, no desorientarse
y más aún no saber dónde estamos
y qué posición ocupamos. El flamenco
está perdiendo el norte desde el momento
en que el baile se desvirtúa y se interpreta
de manera errática, propia de quienes no
saben dónde están ni lo que hacen.
Una obra que trata del compás pero que obvia
que el flamenco es el arte de combinar el sonido
con el tiempo, revela que pierde la objetividad
y la perspectiva. Y si el ritmo es, por último,
el ordenamiento del movimiento y éste es
la expresión de la materia sonora, fácil
es colegir que sonido, ritmo y movimiento, constituyen
las tres coordenadas para no perder el norte, que
no es sino el espacio donde el potencial creativo
acalla la interpretación abusiva del amiguismo.
(Publicado
en El Diario El Mundo el jueves día18 de
marzo de 2010)