Cabecera Colmao

Atmósferas de modernidad

‘JUEVES FLAMENCOS’
Ciclo: Jueves Flamencos / Espectáculo: ‘Concierto de guitarra’, de Miguel Ángel Cortés Sexteto / Segunda guitarra: Niño Martín / Percusión: Joselito Carrasco / Palmas: Bobote y Torombo / Voces: Raquel Enamorado, Noelia Miralles y Macarena de la Torre / Lugar y fecha: Centro Cultural Cajasol. 18 de marzo de 2010
(Tres estrellas)

MANUEL MARTÍN MARTÍN / Sevilla
Hay músicos que sin ser agresivamente hondos pueden llegar a ser meritorios, sobre todo cuando consiguen que sus composiciones sean poesía musicalizada, lo que produce un placer a considerar en la sonoridad y el sentido de conjunto.
Aludimos a Miguel Ángel Cortés, con una destreza que se palpaba y con un virtuosismo incuestionable, pero que en el afán de lograr un lenguaje con formas para el aplauso fácil, formas que no traspasaron las fronteras de lo flamenco y que no perdieron del todo el dominio de su espíritu, sí rozó su perímetro.
En el engranaje de sus composiciones eligió con inseguridad la soleá como presentación, un toque con la belleza indispensable para llegar a la emoción del alma, subiendo de nivel en la versión de la bulería ‘Semblanza de un río’, de Dorantes, y, sobre todo, en los tanguillos y nuevas bulerías, en los que, junto a dos palmeros de lujo, un percusionista magnífico y una segunda guitarra que dará que hablar, buscó el brillo a fin de no perder el resplandor de la forma poética.
La quinta entrega sería la seguiriya, estremecedora, en la que tuvo el acierto de corporizar la angustia, para luego propender a la comercialidad de los coros, terna que se antojó bonita para oídos poco exigentes pero que le aventajó falseando el discurso instrumental.
Fue así que Cortés no pudo traducir la melancolía de la guajira en un lenguaje viril, en tanto que el misticismo sensual impedía germinar los tangos de Granada, donde la gitanería quedó estrangulada por la levedad, frescura y transparencia.
En las alegrías asumió Cortés de nuevo el protagonismo, y mientras les insuflaba impulsos colmados de evocaciones, las atiborraba de matices, colores y ritmo variante, para después desembocar en unas bulerías en la que lo mismo afloró el vértigo de lo fugaz, que las virtudes de elegancia imperecedera.
Desde estas observaciones, si el equilibrio, la armonía y la unidad rítmicos son los ejes sobre los que articuló Miguel Ángel Cortés su discurso expresivo, justo es significar que mientras el público le agradeció una atmósfera de modernidad en el sentido banal y espurio del término, el crítico le valoró su modo de sostenerse en las formas estrictamente flamencas.

 

(Publicado en El Diario El Mundo el sábado día20 de marzo de 2010)