Cabecera Colmao

Lo auténtico aún existe

‘FLAMENCO VIENE DEL SUR’
Concierto: ‘Recital’ / Cante: José de la Tomasa, con Antonio Moya, y Laura Vital, con Eduardo Rebollar y Ali y Luis de la Tota / Lugar y fecha: Teatro Central. 23 de marzo de 2010
(Tres estrellas)

MANUEL MARTÍN MARTÍN / Sevilla
No hay nada como ofrecer lo verdadero para saber dónde está lo falso. José de la Tomasa y Laura Vital han dado un concierto de verdad, de flamenco, del único flamenco que se encuentra patentado, y lo han hecho partiendo de la coherencia cantada para dar así sentido a la vida lo que cantan.
Hay que destacar, en tal sentido, el papel de las guitarras, Antonio Moya y Eduardo Rebollar, porque si el primero acredita el origen y/o la evolución de las melodías y el segundo se erigió en un referente de calidad, justo es subrayar cómo ambos supieron aprovechar los silencios. Y no hay nada más profundo en flamenco que un silencio.
Efectuadas las presentaciones, con Laura Vital llegamos al convencimiento que lo más rentable a la ‘pijería’ flamenca es aumentar la confusión y vender lo falso. Se da relevancia a lo aparente y, en cambio, se arrincona a lo que vale, tal que la sanluqueña, que dibujó la deidad preferida de los tientos y dio una lección por granaína y media granaína, con lo que evidenció que sólo cuando se llega a la madurez se abordan los estilos con calma, quietud, contemplación y hasta capacidad para reordenar los fraseos musicales.
Vital afrontó más tarde cantiñas, fandangos y bulerías, confirmando que con cantaoras como ella se anuncian tiempos donde la sinceridad y el valor de lo auténtico adquieren una importancia superlativa.
Tocaba el turno a José de la Tomasa, en el que si todo es auténtico y genuino, es porque primero afirmó sus fuentes para luego, a la hora de la interpretación, hacer que sintamos los cantes de forma entrañable, de manera cercana.
Así lo percibimos por tientos, soleá, taranto, alegrías, fandangos y seguiriyas, con una ejecución tan próxima que si agradó a todo oyente sensible es porque, al menos en parte, estaba libre de cualquier tipo de técnica innecesaria y que, por su poder de conmover y estimular, llegaba más allá del mero entretenimiento.
Tomasa y Vital habían confirmado, pues, que lo auténtico aún existe. ¿Y qué es lo auténtico? Disfrutar del cielo aquí en la tierra. Lo que es capaz de evitar la barbarie, la línea que separa la mantequilla de la margarina, la foto al natural del retrato de estudio, el largometraje del corto o el libro de divulgación científica de la novela. Claro que, como decía Pascal, para el que no quiere ver, la luz del sol es poca.

 

(Publicado en El Diario El Mundo el día 25 de marzo de 2010)