Bailaora
mayor de Sevilla
‘JUEVES
FLAMENCOS’
Ciclo: Jueves Flamencos / Espectáculo: ‘Tan
sólo flamenco’, de Isabel Bayón
/ Cante: Miguel Ortega y David Lagos / Guitarras:
Paco Arriaga y José Torres / Percusión:
José Carrasco / Lugar y fecha: Centro Cultural
Cajasol. 14 de enero de 2010
(Cuatro estrellas)
MANUEL
MARTÍN MARTÍN / Sevilla
Los sevillanos pueden sentirse dignos de tener a
Isabel Bayón como representante de la más
alta escuela de baile, pues no creo que exista una
artista de su generación que encarne los
valores de los que hace gala permanentemente: la
autenticidad de su discurso dancístico, la
elegancia de su lenguaje expresivo y el modo de
mezclar la tradición con la modernidad o
el estilo interpretativo con el placer de ejecutarlo.
Más allá de la belleza de los palos,
Bayón simboliza en cada uno de ellos la quintaesencia
del buen gusto en la elaboración, el goce
de la serenidad en las coreografías y la
armonía del conjunto, donde las guitarras,
el adecuado vestuario y la riqueza de las voces,
simbolizan el intacto mundo del lujo del flamenco
que propugna la sevillana.
Bulerías como presentación y un martinete
en ‘off’ de Agujetas anuncian que todo
es un retorno a las fuentes, una vuelta al principio
de lo jondo que nos apresa, sobre todo cuando Bayón
se enfrenta al negro toro de la seguiriya de ‘La
mujer y el pelele’ (2004), a la que quiebra
en su suerte, domina en su ritmo y humilla en su
tragedia sonora hasta delimitar sus contornos imponiendo
su personalidad.
Había que adoptar el tono de voz apropiado
para cada ocasión, por lo que Lagos apunta
la soleá por bulerías en tanto que
Isabel sale de nuevo escoltada por la farruca de
‘Tórtola Valencia’ (2008), en
la que la plasticidad, la armonía rioplatense
y la estética alcanzan su mayor grado de
conjunción, algo así como apropiarse
de la magia de Gardel, la destreza de Faico y El
Gato y la técnica de Gades, pasarlos por
el tamiz de su cuerpo y conseguir que todo tu ser
esté en armonía con lo que transmitió
al exterior.
Quedaba por establecer el parámetro de referencia,
las alegrías de ‘La puerta abierta’
(2005), en la que Isabel Bayón nos cautivó
por su halo misterioso de autenticidad, porque desde
la ‘salida’ hasta el ‘remate’
por bulerías, todos sus elementos, todo su
cuerpo desde la horquilla a los pies, se transformaron
en virtudes de sinceridad y veracidad, así
como en expresiones estéticas.
La elegancia y la veracidad de su puesta en escena,
son, pues, la combinación del acierto de
Isabel Bayón, pero si es la bailaora mayor
de Sevilla es porque el motor de su arte busca siempre
la fuente de todo lo creado.
(Publicado
en el diario El Mundo el 18/01/10)