Metáforas
en movimiento
‘JUEVES
FLAMENCOS’
Espectáculo: ‘De tablas’, por
Compañía Manuela Ríos / Baile:
Manuela Ríos / Guitarra: Rafael Rodríguez
/ Cante: Antonio Campos, Pepe de Pura y Moi de Morón
/ Lugar y fecha: Sala Joaquín Turina del
Centro Cultural Cajasol. 4 de marzo de 2010
(Dos estrellas)
MANUEL
MARTÍN MARTÍN / Sevilla
Once años después de que la presentara
Cristina Hoyos en el Teatro Central, vuelve de nuevo
a Sevilla la bailaora Manuela Ríos para presentar
su primer montaje en solitario, ‘De tablas’,
una propuesta que ya estrenó en febrero de
2008 en la Sala La Compañía, en el
seno del XII Festival de Jerez, y que está
basada en la sencillez y en la puridad del baile
sin más cortejo que el cante y la guitarra.
Y ahí estuvo la feliz dificultad, en que
el cante y, sobre todo, la guitarra de Rodríguez,
restaron protagonismo a Manuela Ríos, que
nos más insinuarse por soleá ya evidenció
que ha crecido en técnica pero sin dejar
de acentuar el carácter temperamental que
siempre le acompañó.
La malagueña de Moi y los fandangos granadinos
de Campos y el de Pura se solemnizan por entre los
silencios a modo de cortina musical, en tanto que
la levantica del Cojo anuncia la visión unifuncional
del taranto, baile en el que los desplantes, paseo
y braceo no estuvieron a la altura de su resolución
por tangos.
La producción hacía, pues, aguas por
todos sus poros, al punto que una falseta que hizo
Rodríguez de ‘La Zarzamora’ nos
situaba ante uno de los secretos de la noche, el
magisterio del guitarrista, urdidor de la materia
prima y el tejedor de esa magia jonda capaz no sólo
de provocar los aplausos más encendidos,
sino de transformar las fibras sonoras de las cuerdas
en un hilo continuo y cohesionado de melodías
agradecidas.
El baile no respondía, en cambio, al título
‘De tablas’, el homenaje que merecen
quienes encuentran en los tablaos la universidad
de lo muy jondo. Menos mal que llegó el momento
esperado con las alegrías, con mantón
y bata de cola al modo sevillano. Ahí sí
se plantó Manuela, sacó el manual
de las que saben qué baila y cómo
se baila, y fue transmigrando por entre los espíritus
de los grandes maestros hasta conformar la circularidad
de las metáforas en movimiento.
¡Qué delicia la de metamorfosearse
en Matilde, la de sorber el polen de una rosa llamada
Merche! ¡Qué deleite el de sugerir
la silueta de Manuela Vargas, el de sentirse penetrada
por Milagros, cargarse de la vida latente de las
raíces de la Hoyos o de sentir la gravitación
de la Carrasco! Y qué placer encontrarse
consigo misma por bulerías cuando se había
olvidado de su propia existencia.
(Publicado
en El Diario El Mundo el jueves días 6 de
marzo de 2010)