Cabecera Colmao

El resplandor de lo verdadero

‘JUEVES FLAMENCO’
Espectáculo: ‘Simplemente flamenco’, de Concha Jareño / Baile: Concha Jareño / Cante: Pedro Obregón, David Vázquez y Gema Caballero / Guitarra: Flavio Rodríguez / Vientos: Diego Villegas / Lugar y fecha: Centro Cultural Cajasol. 11 de marzo de 2010
(Tres estrellas)

MANUEL MARTÍN MARTÍN / Sevilla
Hay flamencos y flamencos. Algunos son sencillamente artistas porque a fuerza de constancia y oficio se convierten al fin y al cabo en el personaje que representan. Otros, en cambio, necesitan leer las solapillas de los libros, dejarse llevar por un dandy de las letras o por un idiota adulterado por la ‘pijoprogresía’, y de tanto interpretar al falso intelectual la Administración los declara funcionarios digitales y se hacen fijos de los festivales subvencionados pero se olvidan de sus orígenes.
Concha Jareño es de Madrid (¿y qué?) pero es una bailaora de una pieza y con un concepto del baile que exige autenticidad, esto es, algo más que copiar partes de un modelo. Se presentó por seguiriya, y la abordó con un compromiso muy serio e insoslayable, como quien se libera de la represión que supone presentarse en solitario en Sevilla, con imágenes que más que una yuxtaposición de instantes en un metro cuadrado fueron una historia que buscaba un sentido, el de generar arte y apresar al público.
Ítem más. En un mundo donde abunda la falsificación, la autenticidad es un valor que cautiva, que es lo que la madrileña consiguió con unas soberbias guajiras con bata de cola, de las que ofreció no sólo su sentido más garboso, sino la expresión absolutamente espontánea de su mundo interior.
Una infeliz granaína chaconiana de Gema Caballero quedó sepultada por la farruca de Carmen Jareño, en cuya partitura se desangró pero al compás de la armónica y la guitarra, evidenciando que más que una diseñadora de pasos es una creadora de espacios, y consiguiendo que identificáramos las entrañas del baile con la afirmación de nuestro ego.
Pero como Obregón dejó claro por tangos que la autenticidad tiene que ver con la verdad en acción, Jareño domesticó hasta el meollo de los caracoles, de los que llegó a dibujar con los pies el aliento que se colgaba en el caparazón de esta cantiña. Aquí los párpados de las voces aleteaban y los vientos se enverdecían. ¡Que pena que las olas de la bulería no encontraran su propia historia en la arena del lenguaje corporal!
No obstante, la madrileña (¿qué pasa?) había logrado que resplandeciera lo verdadero, aquello que para George Sand era demasiado sencillo, pero que se llega a ello por lo más complicado.

 

(Publicado en El Diario El Mundo el sábado día13 de marzo de 2010)