ALONSO NÚÑEZ, RANCAPINO HIJO, ENGRANDECIÓ EL LEGADO CARACOLERO

Escrito por José Ramón Zapata el .

Es un placer visitar la Casa de Álora Gibralfaro, entre otras cosas, porque se respira flamenco por doquier; y en esta ocasión no iba a ser menos.
Sin duda, el joven cantaor chiclanero Alonso Núñez, “Rancapino hijo", es el más grande bastión del legado que nos dejó el malogrado Caracol. Pero conste que no es una copia, mala o buena, del cante cada vez más seguido, sino que su forma de ver y entender el cante y, sobre todo y por encima de todo, las vivencias que lo rodearon en su niñez, hacen de él ser un constante defensor del estandarte sevillano  que albergó la Alameda de Hércules en la figura de MANUEL ORTEGA JUÁREZ.
Inició su periplo por malagueña. Si ser un embajador en este estilo, cumplió sobradamente con dos cuerpos bien diferenciados.
Unas alegrías, al más puro estilo gaditano, le sirvió para templarse en el compás. Muy bien medidas, dominando los tonos agudos y flaqueando en los graves. Esto no debe extrañar a nadie dado su tesitura de voz; pues le ocurre lo mismo que a su progenitor y Manolo Caracol: les costaba Dios y ayuda cantar por la voz gorda que tenían.
En la soleá por bulerías estuvo comedido, pero sin salirse del pentagrama: acompasado y justo en los tonos.
Y llegó un estilo que le viene como anillo al dedo, los tangos. Que bien mece este cante y, sobre todo, que bien juega con los tiempos. ¡Quién no se acuerda, siendo un niño (seis años), en el programa  infantil  “Veo Veo” de Canal Sur, presentado por Teresa Rabal, donde ganó el primer premio revelación!
Fue, sin duda, en la tanda de fandangos donde caló hondo en el público. Varios estilos en memoria de Caracol, pero con su impronta, fue lo más aplaudido de la tarde.
En las bulerías, también tuvo un recuerdo a Camarón; mostrando, una vez más, que el compás no tiene secretos para él.
Siendo un admirador de Caracol, no podía faltar en su repertorio “La Zambra”. Cuántos gratos recuerdos nos dedicó este cantaor al retrotraernos a los años 50 y 60, fechas imborrables en el tiempo del tablao “Los Canasteros” en Madrid.
El jerezano Antonio Higuero fue el guitarrista elegido por Rancapino. Y no se equivocó; su forma de entender el toque de acompañamiento permitió el lucimiento del chiclanero.  Es un guitarrita de los que gustan a los cantaores, su toque preciso, controlando el ritmo y dando los tonos justos en cada momento, hace de este jerezano un guitarrista muy codiciado; y es que no podía ser de otra manera habiendo tenido como maestro   a Manuel Lozano “El Carbonero”.
Resumiendo. Nuevo éxito que se apunta la junta directiva de la Casa de Álora Gibralfaro que, una vez más, sus socios respondieron llenando el salón social; por cierto, muy rica la “pringá”.