ANA TORRALBO ES AFICIONADA Y ARTISTA, Y ASÍ LO DEMOSTRÓ EN LA PEÑA FLAMENCA DE SAN PEDRO DEL ALCÁNTARA

Escrito por José Ramón Zapata el .

El pasado sábado día 30, la Peña Flamenca de San Pedro de Alcántara de Málaga, acogió un recital a cargo de Ana Serralbo y Jesús Romero “Romerito”. Decir, porque es verdad, que en esta peña, es donde uno se siente flamenco: el público sabe escuchar y respetar el cante.
ANA SERRALBO, morenense de nacimiento y sanluqueña de adopción, lleva raíces y vinculación artísticas asociadas a la zona de la Axarquía, Canilla de Aceituno y Vélez Málaga; pueblo éste donde nació su madre, gran aficionada al cante.
Comenzó a cantar a muy corta edad; con tan sólo 5 años ya apuntaba por fandangos. Es una de esas cantaoras que disfruta cantando porque, ella es, ante todo, una gran aficionada. Vino mermada de facultades vocales, y eso se notó; decir lo contrario sería mentir. No obstante, estas carencias, fruto de la estación en la que estamos, no le prohibió cuajar una más que aceptable actuación. Y es que, lo he repetido hasta la saciedad, la profesionalidad no sólo la encontramos en el contrato (que también), sino en la forma de ser y estar del artista. Por lo tanto, es de agradecer el esfuerzo realizado por Serralbo para salir airosa de su periplo flamenco.
Se templó por milonga, siguió con una malagueña rematada por abandolao, se internó en el compás a través de los siempre comprometidos tientos-tangos, se lució con la granaína y media y terminó la primera parte con varias letras de fandangos choqueros.
Tras media hora de cortesía, Ana Serralbo salió con muchas ganas de agradar al respetable. Pues, sin duda, consiguió su propósito: cantó muy flamenco, puro y tradicional en su segunda parte.
Para abrir boca, se atrevió con varios cuerpos de soleá de Triana, destacando los dos estilos alfareros: muy bien templada, y modulando perfectamente en los tanos bajos. Cantiñas, al más puro estilo gaditano, para dar paso a unas peteneras muy rancia (justo cuando el reloj daba las 12 de la noche).
Mención aparte merece, al menos para este crítico (mal que le pese a alguna que otra aficionada, que no cantaora, malagueña) la seguiriya que nos regaló a los allí presentes. A pesar de las carencias ya citadas, insisto, se deslizó por el siempre difícil tobogán de la vertiginosa y electrizante seguiriya; que, lejos de desentonar y/o desafinar, quebró la voz hasta convertirla en un lamento continuo. Pero no contenta con ello, la remató con el cambio de Manuel Molina y, sabiendo que este canje compromete mucho al artista, por aquello de la modulación preciosista que tiene, se lanzó a tumba abierta (término ciclista). Créanme, lo bordó.
Se despidió con varios cuerpos de fandangos personales como fueron del Pichichi y Gloria.
El guitarrista que le acompañaba, fue gaditano Jesús Romero “Romerito”. Era la primera vez que escuchaba a este joven artista, al menos en directo. Me gustó y mucho, pues se limitó a allanar el camino a su compañera y, cuando los tercios lo permitieron, se lució y puso de manifiesto que también es un virtuoso de este instrumento. Cumplió sobradamente con su papel.
Resumiendo. Muy buena noche flamenca la vivida en la Peña Flamenca de San Pedro de Alcántara; donde, sin duda, los aficionados que llenaron el salón social, hicieron bueno aquello de “EL SABER ESCUCHAR ES UN ARTE”.

                                                                       José Ramón Zacha