MARÍA PAGÉS ENARBOLÓ EL ESTANDARTE DEL BAILE FLAMENCO FEMENINO EN EL TEATRO CEVANTES DE MÁLAGA.

Escrito por José Ramón Zapata el .



El baile flamenco actual deja mucho que desear, al menos para quien esto firma. Día sí, y día también, asistimos a espectáculos robotizados donde los hombres bailan como las mujeres y viceversa. De siempre, desde los tiempos mas remotos, el hombre ha bailado de cintura hacia abajo, mientras que las mujeres de cintura hacia arriba; sin descuidar, claro está, su otra media anatomía. Tal vez por eso, cuando asistimos a un espectáculo de baile femenino con reivindicación propia, basada en un modo de vida, practicando la religión mas emotiva, no puedo por menos que aplaudir a su protagonista.
No sé si alguien, malintencionadamente, me pueda tachar de machista por este comentario; si así fuere, decirle que yo sólo hablo de arte, lo demás me la trae al pairo.
María Pagés se presentó en el Teatro Cervantes de Málaga con su espectáculo: “Óyeme con los ojos”, inspirada en la poetisa mexicana Sor Juana Inés de la Cruz. Ni que decir tiene, la bailaora-bailarina (más de lo segundo que de lo primero en este espectáculo), con su mas que demostrada experiencia coreográfica, se interna en lo mas profundo de su ser para reivindicar su baile netamente femenino y libre de corsés.
Escarbar en los sentimiento de una persona, es ya de por sí muy complicado; pero si lo intentamos en un artista, puedes perderte en un laberinto de emociones sin que, lo mas probable, llegues a conocer realmente. ¿Qué pretende María Pagés en “óyeme con los ojos”?. Pues según lo vivido en el Cervantes de Málaga durante 90 minutos, la coreógrafa sevillana narra su vida, cuyas inquietudes espirituales, alimentadas por ese gran río de sensibilidad femenino, pone de manifiesto que, el baile femenino, necesita –urgentemente- una profunda reflexión y, sobre todo, autocrítica.
Para este crítico, que aún sobrevive a pesar de las mordazas de propios y extraños, al ver este tipo de espectáculos, no puede por menos que sentir añoranza y, sobre todo y por encima de todo, pena; sí, pena. Porque los artistas (bueno, los trabajadores del flamenco) actuales muy rara vez expresan el arte del flamenco en las tablas. El 90% de ellos son robot sin alma, sin sentimientos, sin amor a su profesión: sólo les mueve el vil metal. ¡Así les va! , a ellos y al flamenco en general.
Siguiendo con “Óyeme con los ojos”, decir, porque es verdad, que quien esto firma saboreó cada momento escénico recordando el baile de los años 60-70. La sensibilidad y plasticidad del baile de Pagés, despertó mis sensores mas receptivos mamados en ese abundante manantial que me dejaron los grandes artistas de pasadas generaciones.
El baile de María Pagés es sensual, artístico, espiritual y sobre todo y por encima de todo, femenino. Claro que, para bailar como lo hico la sevillana, no sólo es necesario amar el baile, que también, sino tener una madurez tan rica en vivencias escénicas, que te permita desarrollar un baile que sólo se puede “oír mirando”. El denominador común en el baile de María (hablo de este espectáculo) es sin duda su exquisitez plástica y sentido del ritmo de cintura hacia arriba. Es una delicia ver cómo habla con los brazos, cómo recorre el Universo, creado por ella misma, a lo largo de su dilatada carrera como bailaora y coreógrafa. Es tal la sincronización de su braceo, surcando el éter, que hace imposible –si eres sensible, claro- no abrirte en canal para recibir ese estallido de emociones plásticas.
No, estimados lectores, no exagero al expresar lo que viví; es más, me quedaré corto seguramente. Porque lo que este escribidor presenció no se puede narrar con palabras, sobre todo con estos torpes y humildes párrafos: hay que verlo, oírlo y saborearlo. Respecto al escenario, decir que no pudo ser mas real: desprovisto de aditivos que dañara, y distrajera la atención que requería la historia que nos estaba contando María Pagés. En cuanto a sus músicos; dos cantaoras, guitarrista, violonchelo y violín, supieron ajustarse a lo exigido y marcado por el guion de “Óyeme con los ojos “. Y es que el argumento tampoco requería mucho mas: los brazos, y la expresividad del rostro de Pagés, era mas que suficiente para crear ese velo mágico, entre ella y el púbico, sólo roto en la escena “hay que caló”.
Resumiendo. “Óyeme con los ojos”, es un espectáculo flamenco con acento femenino de muchos quilates. Una danza escenificada para los amantes de lo puro y, sobre todo, para los flamencos sensibles. Mi mas sincera enhorabuena a María Pagés, y sus músicos, por recordarme cómo se baila flamenco.

                                                                                                                                                                                                         José Ramón “Zacha”