ROCÍO MOLINA SE DESNUDÓ, ANTE SUS INCONDICIONALES, EN EL TEATRO CERVANTES

Escrito por José Ramón Zapata el .

Esta bailarina, que no bailaora, al menos no en su espectáculo “Caída del cielo”, demostró tres cosas a tener en cuenta a la hora de presenciar su danza: esta torreña demostró que es artista, vive y le apasiona su propia danza y, sobre todo y por encima de todo, tiene una fuerza arrolladora fuera de lo común. Pero, estas tres cualidades tienen un recorrido corto, o largo (vaya usted a saber) y, como consecuencia de ello, terminará pagando un alto precio.
Que Rocío Molina es artista, nadie lo puedo poner en duda. Expresa, y cómo, sus propias vivencias. Su personalidad arrolladora se palpa en cada cuadro escénico. Tiene un gran sentido del ritmo, tal vez por ello lo fracciona como y cuando le viene en gana. Tiene compás flamenco, de sobra bien demostrado, pero muy mecanizado y repetitivo (denominador común en este espectáculo). Su sentido coreográfico no encaja en el engranaje flamenco, al menos  en “Caída del cielo”.
 «La autenticidad es llevar la verdad por delante». Esta declaración de buenas intenciones para con ella misma, que hizo en una entrevista para el Diario Sur, no la define como pura, en cuanto a su baile se refiere. Claro que cabría preguntarse: ¿Cuál es su verdad?, ¿la que vivimos en la tarde de ayer en el Teatro Cervantes?. Pues no, al menos para este escribidor, no es auténtico ni flamenco lo presenciado.

Ni que decir tiene, respeto su comportamiento dancístico expresado en “Caída del cielo”. Pero, de la misma manera que, Rocío Molina, expresa su particular flamenco como le viene en gana, este crítico es libre de opinar que su espectáculo no es flamenco si ha sí se lo parece.

“Mis prioridades son la libertad y el arte”. Aquí tengo que darle, y gustoso lo hago, la razón. Su desarropes, sus cambios de vestuarios en plena escenario, sus movimientos sensuales pélvicos y su reivindicación menstrual, encaja perfectamente en su sentido de libertad; otra cosa es que a esto se le pueda llamar arte.

Según ha manifestado en alguna ocasión, muchas diría yo, Rocío reivindica el papel de la mujer en el baile flamenco.  Pues, yo me pregunto, ¿es necesario desnudarse en el escenario, teñir de rojo, virtualmente, el suelo escenificando su estado menstrual, o bailar en “ropa íntima” para exigir el papel femenino en el baile flamenco?. Si ella así lo considera, nada que objetar; pero para quien esto firma, todo eso es intranscendente y fuera de lugar: ¡hay muchas otra formas dancísticas que puedan poner de manifiesto el papel femenino tan determinante que exige el flamenco.

  Que Rocío Molina tiene su público, nadie puede negarlo; sino cómo entender el lleno absoluto (800 personas) que congregó en el Teatro Cervantes. Ahora bien, de todos ellos ¿cuántos flamencos estaban presentes?. Esa es la única y última palabra como respuesta a la aprobación, o no, sobre su arte.

Como dije mas arriba, con este tipo de exposición-espectáculo, Rocío Molina terminará pagando un alto, muy alto, precio.  ¿Dónde situará el objetivo final a  esta rompedora y heterodoxa forma de expresar su particular flamenco?. Mucho tendrá que estrujar sus neuronas para montar nuevas coreografías si quiere seguir en candelero. Porque, quiera o no, su carrera artística es irreversible; ¿sería admitida si volviera al flamenco tradicional?. Pues, sinceramente no lo sé, aunque intuyo que la malagueña no está por esa labor a tenor de sus constantes declaraciones reivindicativas.

No sería justo en mis apreciaciones si no hiciera constar esos dos momentos: solea y fandangos, interpretados por el cantaor José Ángel Carmona con ecos caracoleros que despertó mi adormecido y cansado interés visual.

Resumiendo. “Caída del cielo” es un espectáculo dancístico con arte, mucha fuerza, con momentos innecesarios y que no aportan nada al arte flamenco.
No estoy en contra, como no podía ser de otra manera, de este tipo de espectáculos; quién soy yo para oponerme a que un artista exprese su arte como quiera y pueda. Pero, a lo que si me opongo, enarbolando el estandarte del flamenco tradicional, es que se etiquete como flamenco lo que no es; aunque, como es el caso que nos ocupa: en un una hora y media sólo se oiga 5 minutos de buen flamenco.
Como siempre, estimados lectores, ustedes tienen la última palabra.
                                                                       José Ramón “Zacha”