TALLER FLAMENCO “COLMAO" II

Escrito por José Ramón Zapata el .

ROMANCES
Parece ser que fue Antonio Mairena quien dio a conocer históricamente esta modalidad de cante; y digo parecer ser, porque tampoco creo fuera, o fuese así. Lo que si sabemos, es que el cantaor sevillano, impresionó, en una de sus primeras grabaciones, un cante con ritmo de solea bailable cuyo título era: “Romance de Bernardo El Carpio”. Aunque también hay que decir, porque es cierto, que anteriormente a esta grabación no se ha encontrado otra donde aparezca el nombre de “romance”; al menos que yo sepa.
Los que ya pintamos canas y, por tanto, hemos tenido la fortuna de conocer al maestro de los alcores, y por supuesto seguido su legado, somos conscientes que este cantaor era muy dado a etiquetar cantes antiquísimos bajo su propio paragua musical. No obstante, es de agradecer que se preocupara de rescatar algunos estilos que llevaban muchos años en desuso. Pero, hay que decir que, muchas veces, nos ha confundido más que allanado el camino a la hora de investigar el cante flamenco.
Los romances, dicen algunos, son traídos por el pueblo gitano a Andalucía. Rotundamente falso. Ahí está la historia que nos demuestra que cuando llegaron a España y, sobre todo a Andalucía, el pueblo gitano, el romanero estaba en pleno auge. Ahora bien, dicho esto, también hay que decir que este pueblo, con sus cualidades innatas para la música, sí tuvo mucho que ver en el desarrollo del romance que hoy conocemos.
En sus orígenes, el romancero, era más recitado que cantado. Y solía llevar acompañamiento musical; paradoja teniendo en cuenta que los gitanos (los que llegaron del Indostán) eran pocos prolíficos en instrumentos musicales. Por lo que cabe pensar que, éstos, adaptaron el romance y dieron a conocer con formas flamencas. ¡Ojo!, no estoy diciendo que la piedra angular del flamenco la pusieron el pueblo gitano, no más lejos de la realidad. Sólo que, ellos, nos lo dieron a conocer flamencamente hablando. Pero sí sabemos que los romances que cantaban, en un principio, el pueblo gitano, no era patrimonio de ellos; sino tomados prestados de los poetas cortesanos.


Los romances tuvieron, forzosamente, que ser engendrados por otra semilla. Y aquí es donde entran los corridos, corridas o carrerillas que, según apuntan todos los datos literarios de aquella época, ya formaba parte de los repertorios musicales anteriores al siglo XV.  ¿En qué me baso para afirmar esto?. Pues, entre otras cosas, apoyándome en la obra de Lope de Vega. En esta obra del madrileño, poeta y dramaturgo más importante del Siglo de Oro español, aparecen abundantes romances – corridos.
Nuevamente tenemos que recurrir al malagueño Serafín Estébanez Calderón. Pues en la escena “Un baile en Triana”, es donde leemos ya con más claridad la vida actual (de entonces) de los romances: “…Cuando los principales cantadores apuran sus fuerzas, se suspenden las tonadas y polos de punta, y entran en liza con la rondeña, o granadina, otros cantadores. Después de pasar varias veces de estás fáciles las otras más difíciles, se ameniza de vez en cuando la fiesta con el canto de algún “ROMANCE ANTIGUO”. (Se han fijado que ya se habla de “rondeña” y granadina”)
Hay quien otorga a los romances paternidad árabe. Bueno, si no toda, si en parte; ¿o acaso los ocho siglo de asentamiento árabe en la baja Andalucía dejaron sólo huellas en la gastronomía, cultura, arquitectura, arte de tejer, etc.?.


Quiero terminar reproduciendo una carta que, “El Solitario”, remitió a Pascual de Gayangos (año 1839): “…Por no perder tiempo, voy recogiendo algunos romances orales que se encuentran en la memoria de los cantaores y jándalos, mis antiguos camaradas, romances que no se encuentran en ninguna colección de las publicadas, ni antigua ni moderna. El uno es el “romance de Gerineldos”, otro es el del “Ciego de la Peña” y me han prometido cantarme y dejarme aprender otro que se llama el de la “Princesa Celinda”. Si me preguntas por qué estos romances se hallan impresos, de donde han venido, por qué se han conservado en esta parte de Andalucía y no en otra parte, son cuestiones que no podré satisfacer cumplidamente”.
Podría ampliar, aún más si cabe, esta reflexión sobre los romances. Pero sólo haría que teorizar sobre ellos. O bien ir haciéndome eco de otras referencias a libros y más libros: ¡Mareando la perdiz! Por otra parte, tampoco se trata de defender una tesis sobre los romances, sino la de dar una visión de cómo, en la medida de lo posible, se gestó el cante flamenco.


El próximo taller será el día 14 de marzo. En este tercer taller iniciaremos el análisis de los cantes flamencos como son las tonás. ¡Nos vemos!