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REFLEXIÓN SOBRE LA CRÍTICA FLAMENCA

Hacer una reflexión sobre la crítica flamenca no es nada fácil. Máxime teniendo en cuenta que, quien esto firma, forma parte de ese colectivo que acepta, gustosamente, un cierto riesgo, generalmente poco o nada recompensado arrastrando tras de sí incomprensiones, envidias, odios, rencores, etc.
Críticos, como en cualquier otra profesión, los hay buenos y malos -no confundir el crítico malo con el mal crítico-. No obstante estos últimos no deben preocupar a los aficionados dada su condición de ignorantes; sino aquellos otros que fomentan, sin escrúpulos, el compadreo, amiguismo y, sobre todo, y por encima de todo, el servilismo a un determinado colectivo de artistas.
Así como el buen crítico se hace en base a un completo estudio: "calentando butacas", como dejó dicho en su día el crítico de cine Alfonso Sánchez, el mal crítico es un producto elaborado por los M.C.S. a los que, en su mayoría, les importan bien poco el Arte Flamenco. Pero, como generalmente estos pésimos críticos infravaloran su trabajo -como no podía de otra manera- los directivos aceptan sus artículos para rellenar páginas o espacios radiofónicos sin costo alguno; no siendo conscientes, supongo, del daño que, a través de sus respectivos medios, le están haciendo al Arte Flamenco. Si no ¿cómo se explica la siguiente referencia aparecida no hace mucho en un periódico?. "la bulería no tiene medida". Por citar solo un ejemplo.
Otro de los males que tiene que soportar la crítica flamenca es la mala fe de los artistas. Ciertamente no son todos, pero sí una gran mayoría. Cuando se hace una mala crítica: entiéndase por mala crítica un análisis imparcial pero que no satisface al artista en cuestión. Entonces somos sometidos a todo tipo de descalificaciones.
¿Es que la crítica nunca se equivoca? Sin duda, le respondería; pero al igual que el crítico debe estar preparado para poder demostrar lo que dice, el artista puede y debe -faltaría más revocar, con argumentos sólidos, quién está en posesión de la verdad.
Mención aparte merece ese porcentaje que con una pluma o micrófono, según su caso, sólo difunden cursilerías adornadas con bonitas y rebuscadas frases buscando su propio lucimiento sin importarles el fin último de la crítica. Claro que ellos no son los culpables directos de esas "crónicas rosas", si no los responsables de los medios que le dan cobijo. Pocos, muy pocos M.C.S. son los que mantienen en sus nóminas entendidos en la materia. ¡Así nos va a todos!.
Respecto a la "corrupción flamenca" dentro de la crítica- se suele hablar mucho sin llegar a demostrar realmente si ella existe. Pero, lo que a nadie escapa, al menos para los que estamos inmersos en este mundillo, es que existe un nutrido grupo de críticos que escriben más con el corazón -cuando de amigos se trata- que con la cabeza. Como tampoco podemos, ni debemos, aprobar a esos otros que, impulsados por desavenencias con artistas, empresarios, organizadores, etc., machaquen sin escrúpulos -incluso con insultos- a fulanito o menganito.
Siempre he dicho, porque así lo pienso, que el primer y mejor crítico es el propio artista. Pero nunca un cualificado mediador, por razones obvias, entre su arte y el respetable. He conocido a muchos profesionales que no han tenido reparos en reconocer y admitir sus errores; hecho que, sin duda, los valora positivamente. ¿Pero, y esos otros que no admiten que nadie les corrija lanzándose por el siempre resbaladizo tobogán de las descalificaciones hacia el escribidor de turno? Claro que, afortunadamente, estos últimos suelen ser los más mediocres y poco o nada profesionales.
Por último quiero exponer lo que, a mi forma de ver y entender, debe y no debe ser un crítico de Arte Flamenco.
*Un mero mediador entre el artista y el público
*Tener presente que, sus críticas, son un arma muy poderosa y, por tanto, debe saber hacer un buen uso de ellas; sin que tal condición le mediatice.
*Que posea una función educadora que, según sus conocimientos, marcará a los neófitos que por primera vez se acerquen al Flamenco
*Honrado consigo mismo y escribir o hablar, en su caso, lo que le dicte su conciencia. Pero nunca pensando en la amistad que pueda o no existir con el artista.
*Ser firme en su criterio y saber defenderse, con argumentos sólidos, ante posibles contraataques
A reconocer, públicamente, sus errores llegado el momento.

NO DEBE SER
Un publicista al servicio del artista.

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DIFICULTADES DE LA JUVENTUD PARA ACCEDER AL FLAMENCO

Que el flamenco no está a la altura de cualquiera, es un hecho tan evidente que nadie puede negarlo.

Para Ilegar a enamorarse de este arte, mundialmente reconocido, es imprescindible conocerlo. Ya lo dice un principio escolástico, "nada es guerido si antes no es conocido". Y ahí radica el principal problema de la juventud.

Este numeroso colectivo, al que no se les ha prestado mucha atención -yo diría que ninguna-, siempre ha sostenido, y sigue sosteniendo, a la hora de tomar contacto con el flamenco, que este arte está hecho para un determinado público con edad avanzada.

He venido sosteniendo -contra viento y marea- desde hace mucho tiempo que, una gran culpa -por no decir toda-, de este vacío de juventud, la tenemos los que nos movemos en este siempre dificil y no menos bello mundo del flamenco.

A lo largo de la historia del flamenco ha existido, y desgraciadamente sigue existiendo, aunque cada vez en menor medida, una falsa leyenda en torno al flamenco; casi slempre manipulada y mal vendida. Pero no por el azar o ignorancia, sino por intereses partidistas de un pueblo: gitano para más señas, que ha querido apropiarse de este arte y venderlo como suyo. Por eso, la juventud, ha sido siempre remisa a la hora de acercarse al flamenco.

Cierto es que los jóvenes de hoy parecen declinarse más hacia otro tipo de música, más bullanguera y ruidosa que les ofrecen las discotecas. No obstante, este mismo caso se da también en la mal Ilamada "música culta"; es decir, la clásica. Pero los amantes de esta música, sí saben defender, y bien que lo hacen, sus propios valores culturales.

El resultado de analizar este fenómeno nos da como denominador común el que la juventud está haciendo caso omiso a sus raíces, tradiciones, cultura, etc... Posiblemente habría que preguntarse: ¿Nos hemos preocupados nosotros de cultivarlos?.

Luego entonces surge una nueva interrogante: ¿ Porqué la juventud, en una gran mayoria, argumenta que no les gusta el flamenco?. Sinceramente creo que porque no lo ha escuchado.

Posiblemente, el motivo, sino principal si importante, sea el ambiente. Creo, después de lo mucho vivido en el mundo del flamenco, que el joven nesecita estar inmerso en un ambiente que le posibilite escuchar y disfrutar del arte namenco. Un hecho significativo, que bien podría servirno de ejemplo, es la Semana Santa. No es extraño ver como la gente joven, en una gran mayoría, se siente atraída al escuchar una saeta en plena calle; saeta que, dicho sea de paso, no es otra cosa que una Seguiriya, Martinete o Carcelera, por citar tan sólo tres ejemplos. Ahí podemos comprobar que, en ese mismo instante, el saetero ha propiciado el ambiente adecuado y que, además, justifica ese cante. Por tanto, los oyentes, los saeteros pasivos, nos encontramos, anímicamente, preparados. Todo lo contrario ocurre cuando al joven se le ofrece el flamenco en un medio o entorno poco ambientado que le despierte el apetito por el flamenco.

Después de lo dicho, es evidente, al menos a mi me lo parece, que es de suma urgencia intentar un acercamiento de los jóvenes al flamenco. Pero, también debemos nosotros ser conscientes, que los propios flamencos son los que deben dar el primer paso; facilitando asi el camino que hasta ahora no existe. Pero cuidado, no es tan fácil como parece. No caigamos en el error del engaño. A los jóvenes hay que atraerlos anteponiendo la verdad, por muy cruel que esta sea, a los intereses partidistas de mucha gente. Sobre todo de una buena parte de los peñistas.

Es evidente que existen varios caminos que nos pueda conducir a ese
objetivo final: el acercamiento de la Juventud al Arte Flamenco. Pero, también debemos tener en cuenta, que la responsabilidad de ese acercamiento es total y exclusivamente de las peñas. Porque nadie olvide, que las peñas flamencas no nacen -al menos no deberían haber nacido- para beber vino, hablar de futbol, contar chistes y cuando nos viene en gana, apuntarse algún cantecito. Esa no debe ser, aunque desgraciadamente así suele ocurrir, salvaguardando las excepciones, la filosofía de una Peña Flamenca.

¿Entonces que hacer?. Pues todo lo contrario de lo que acabo de decir. Al flamenco hay que tratarlo como lo que es: Cultura. Y el que no lo quiera entender así, lo mejor que puede hacer es desligarse de este tipo de asociaciones. Y, mucho menos, ocupar cargos de responsabilidad en las juntas directivas para que no ocurra lo que, desgraciadamente, viene sucediendo. Y, en esta ciudad, sabemos mucho de eso.

Bien, una vez sabido que el flamenco es un arte, y como tal hay que tratarlo, deberíamos velar para que se le otorgue las mismas consideraciones que a otros hechos culturales. Pero, para eso, los peñistas, deberían ser los primeros en dar ejemplo, y sobre todo concienciarse de la labor que tienen que realizar. Y dejarse de tantas mentiras, farsas, envidias y ataques personales que no conducen a nada. Bueno sí, a dividir cada vez más la afición flamenca.

Otro de los foros importantes, poco o nada visitados, es sin duda los centros de enseñanzas. iQué poca atención les prestamos a los niños!. No nos damos cuenta, o no queremos que para el caso es lo mismo, que el futuro de este arte pasa, necerariamente, por ellos. ¿Quién va a revitalizar esa Ilama, casi agotada, si no les procuramos los medios adecuados. Créanme, y lo digo con total sinceridad, nos estamos equivocando de forma de proceder.

Bien, Ilegado el momento, hay que hablar de relevo. Un relevo sin prisas pero sin pausas. Y ahí entra el protagonismo de la juventud. Los jóvenes actuales suelen tener las ideas muy daras: tal vez, estoy convencido, mucho más que nosotros. Y, por tanto, tienen mucho que decir. Pues, dejémosles que hablen y nosotros intentar encausar sus palabras de forma adecuada. Y para ello deberiamos de]ar aparcado nuestra orgullo, motivado por esa experiencia de la que tanto alardeamos, y que viene marcado por el paso de los años.

Pero, para ello, no debemos callarnos, porque no sería bueno para el futuro del flamenco, sobre el insulto que, a través de ese nuevo movimiento Ilamado flamenco pop, flamenco fusión etc., estamos padeciendo.

No podemos, ni debemos, permitir que los jóvenes se enganche a un falso flamenco. Si optan por ese tipo de música, nada que objetar; cada cual es libre de elegir sus propias aficiones. Pero, hay que hacerles ver que eso, a lo que ello se están acercando, movido por reclamo del puro marketin, no es flamenco; será el tipo de música que sea, pero nunca flamenco.

Cuando al hijo de Juan Habichuela, componente de Ketama, le oigo decir que lo que ellos hacen es flamenco, no puedo más que sentir pena; no por ellos -son libres de decir lo que quieran, y yo de contrarrestarlos-, sino por los jóvenes. Porque, no se si intencionadamente o no, están adulterando el flamenco. Pero no quiero quedarme ahí; no solo los Ketama atenta contra raíces del flamenco, Ray Heredia, Raimundo Amador, Mesa Camilla y un largo etc. también lo hacen. Y, por citar la última aberración cometida contra el arte flamenco, comentarles, que en unas declaraciones en televisión, los del Río, ya saben, esos de la Macarena, decian que ellos cantaban flamenco. Ante esto, los que amamos al flamenco como arte y música autóctona andaluza deberíamos, tenemos la obligación de desenmascararlos.

Pues bien, esto es lo que debemos denunciar a los jóvenes. Decirles claramente, y en voz alta, que eso no es flamenco, ni lo podrá ser nunca, por mucho que ellos lo digan y las casas comerciales lo apoyen. Porque el flamenco es mucho más que todos eso: el flamenco es un arte recreado por todas y cada una de las culturas que por Andalucía pasaron; todo lo demás es fruto de trabajos de laboratorios con el objetivo de ganar mucho dinero, fácil por supuesto.

Pero no toda la culpa de la poca participación de la juventud la tienen los peñistas, también existe otro colectivo que no aportan soluciones a la cada vez más necesidad de captación de jóvenes.

A los artistas noveles se les presta poca atención, por lo que se encuentran con no pocos obstáculos para desarrollar su carrera y convertirse en profesionales. Me estoy refiriendo a los organizadores de espectáculos, sin olvidar claro está, a las casas discográficas; medio éste, idóneo sin duda, para la promoción de los nuevos valores.

Otro de los puntos negativos para, con los jóvenes artistas; es sin duda los concursos. En la mayoría be los casos no les sirven de promoción, al contar con una cuantía económica, más o menos golosa, pero que no ayuda en absoluto hacia una proyección profesional. Y, por otra parte, esos otros artistas, menos jóvenes, Ilamados profesionales de los concursos, suelen ser los acaparadores de todos los premios.

Y que me dicen de los Medios de Comunicación Social. Estos también tiene su parte de culpabilidad. No se preocupan, sino que a la mayoría de ellos les es indiferente este arte. Algunos ofrecen noticias de los distintos eventos que se organizan, si se les proporcionan los artículos ya redactados. Otros transcriben escuetamente el contenido del saluda, cuando no se les olvidan -eso dicen ellos- publicar la noticia. Por lo que infravaloraban el trabajo del especialista. En pocas palabras: no hay dinero para el flamenco. Con lo cual, las noticias que se publican carecen de una seriedad y veracidad. Claro que mientras existan neófitos del flamenco, que se presten a escribir sin un mínimo de rigor, el flamenco seguirá siendo, la cenicienta de todos los artes. Aunque, a que negarlo, la culpa no cs de ellos, sino de quien se lo publica. Pero claro, al no costar dinero. En cambio, si hay dinero para esos tros programas basura que todos conocemos y repudiamos. Así, con esta postura, no ayudaremos en nada a la revalorización y evolución del arte flamenco.

En fin, estamos ante un campo de minas. Y, por tanto, debemos mirar bien donde pisamos . De lo contrario empeoraríamos aún más la situación. Todos absolutamente todos debemos aportar nuestros conocimientos y medios técnicos y humanos para frenar el deterioro paulatino de la afición que está sufriendo el flamenco.

NO TODO LO ANTIGUO ES BUENO

Para terminar este articulo, les diré con toda clase de rigor, que tampoco debemos apoyar a ciegas todo lo antiguo.
1º por que sería un error gravísimo, y 2" por que aquí también existen muchas mentiras. No podemos, ni debemos, creer que todo lo que se a escrito de flamenco es auténtico. Hay verdaderas barbaridades escritas, mentiras que, afortunadamente para el propio flamenco, van saliendo a la luz.

Se han vertidos grandes ríos de tinta, en su mayoría plagios de plagios. Versiones adulteradas de artistas poco conocidos que no veían otro mejor medio de promoción. Escritores del tres al cuarto que quisieron hacer su agosto en el enigmático mundo dei flamenco; consiguiéndolo algunos de ellos al no poder contrastar, fehacientemente, lo que divulgaban por falta de estudios serios. Esto tampoco ha ayudado al acercamiento de la juventud; todo lo contrario la hemos espantado. A los jóvenes no se les puedes engañar.

Mucho se ha hablado de Silverio Franconeti, Manuel Torre, Tomás Pavón, Mairena etc. Pero, los que hemos tenido la fortuna de analizar sus discografías, directa o indirectamente, apreciamos muchas deficiencias. Cierto es que los medios musicales de los que disponían no son los mismo de hoy, pero no por ello se deja de apreciar cuando algo es bueno a malo. Hoy el mundo de la discografía va por otros derroteros, se busca el dinero fácil; y, créanme, el flamenco de estudio no da grandes beneficios, los menos cubren gastos y los más tienen pérdidas tan notables que no quieren -y bien que hacen- arriesgarse a una nueva aventura puesto que va en juego su propio dinero. Pues imagínense si esto ocurre con las artistas ya consagrados, que no pasará con los noveles. Y es que los flamencos solemos gastarnos poco dinero en discos; más bien nada. Así nos va.

Como verán, tampoco hay que creer, a pies juntillas, todo lo que nos legaron nuestros antepasados. Siempre ha habido, hay y habrá, gente sin escrúpulos dañando al flamenco. Pero, los que estamos en esto por amor al propio arte y no cobramos 800.000 pesetas por tres cuarto de hora de mal cante toque o baile, debemos cuidar las formas y, sobre todo, por nuestros valores culturales. Tenemos la obligación, como guardianes de este reino que somos, velar por nuestro patrimonio cultural. Y estos pasa, necesariamente, por el acercamiento de los jóvenes al flamenco. De lo contrario, en este siglo -recién estrenadito-, los flamencos estaremos viviendo de recuerdos.

No lo permitamos

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¿QUÉ ES EL FLAMENCO?...¿El fin de los puristas?

Este es el título que encabeza el artículo firmado por MANOLO CORREA GARCÍA y escrito en uno de tantos rincones de internet.

El mensaje del referido articulo es claro y con un objetivo concreto: Cargarse todo lo que huela a flamenco tradicional. Y, sino, lean lo que en el vierte el tal Correa.

"¿Qué es el flamenco? Esta es una pregunta que va camino de convertirse en retórica si continúa el abuso que se esta haciendo de ella. Y los abusos vienen, otra vez, de esa especie de "popes" del "arte puro", o 10 que es 10 mismo: los que ya gustan incluso de llamarse a sí mismos "puristas". Demasiadas comillas para hablar de algo que, al menos así 10 siento, tiene una definición bastante clara.

El problema es que si 10 esencial se convierte en un tópico interesado, en vez de base para hablar sobre un tema en concreto, nos perdemos en la polémica, la anécdota y 10 accesorio. ¿Qué es el flamenco? Es una pregunta con tantas respuestas como personas se pronuncien. Nadie, pienso, tiene en su mano una verdad universal con la que valerse. En todo caso, y como decía Antonio Machado, "¿Tu verdad? No, la verdad, y ven conmigo a buscarla. La tuya guárdatela". El poeta ponía el dedo en la llaga que los necios jamás notarán, la de considerar que la verdad es algo inventado, en ningún caso absoluta y nunca, nunca con la cualidad de ser impuesta. Esto que lees no es verdad, sino una opinión que aspira a ser considerada y luego quizás olvidada. Será verdad si logro imponerla (cosa que no pretendo), o si convenimos en su veracidad, pero ni aún así alcanzará el grado de verdad, tal y como nos quieren representar la suya los puristas del flamenco.

El problema es también que esos popes han mantenido una posición de poder durante el último medio siglo, empezando por el mundo del. Han acaparado los medios de difusión para vender un mensaje que, a fuerza de no sentirse desplazada por su falta de visión crítica, la mayoría ha terminado aceptando como la verdad. "El flamenco es 10 que es, y punto" ha sido el discurso monótono que ha quedado como "flamenco puro". Ahora es momento de volver a plantearse, desde un punto de vista objetivo, la pregunta esencial para procurar que se despoje de retórica y todos caigamos en la cuenta de que, al menos, esos puristas pueden no estar en 10 cierto.

Peña Flamenca de Huelva, sábado 27 de febrero de 1999. Una fundación bancaria patrocina 1 actuación de Pansequito y Aurora Vargas. Podía ser cualquier otra peña, cualquier otra fundación y casi cualquier otro artista. El presentador del acto toma la palabra y no tarda en pontificar acerca del flamenco.

Al orador le da lastima que algunos consideren flamencos a grupos como Navajita Plateá, La Barbería del Sur o Ketama, por ejemplo. Y se alza de inmediato en adalid de 10 que él - y el resto de los puristas- llaman flamenco.

Olvidaba el orador que el flamenco, ya desde su génesis, ha sido siempre fusión: de 10 gitano con 10 andaluz (o viceversa, tranquilos todos), de 10 folclórico con la creación, de 10 antiguo con 10 nuevo. El flamenco es mestizaje de sangres y músicas.

¿Cómo nace la guajira si no? Olvidaba que Caracol introdujo piano en el flamenco, y que Paco de Lucía hizo 10 propio con instrumentos a priori tan lejanos como el bajo eléctrico, el cajón cubano o la flauta travesera. Olvidaba también las experiencias de Manolo Sanlúcar o Enrique Morente con orquesta clásica... Y así podríamos llevamos horas, ejemplo tras ejemplo del flamenco hasta llegar a Navajita Plateá, La Barbería del Sur o Ketama, que van más del flamenco, pero que algo de flamenco tienen, sin duda.

Citaba el orador purista a Raimundo Amador como buen guitarrista pero mediocre cantaor de flamenco. La contradicción del purismo ya no puede sostenerse por más tiempo, se agota en sí misma. ¿Cómo no va a ser flamenco alguien que canta de esa manera por bulerías y que -sobre todo- llega a tanta gente de la forma en que lo hace?

Las preguntas se agolpan sin respuesta por parte de los puristas: ¿Es flamenco una soleá con batería ("Romance del Amargo" de Camarón de la Isla en "La Leyenda del tiempo")? ¿O una siguiriya con cajón ("El vaporcito" de Enrique Morente en "Negra si tú supieras")? ¿O una toná con letra surrealista ("Poeta de esquinas blandas" de El Pele en el Lp del mismo nombre)?.. ¡Basta! Por supuesto que todo eso es flamenco, la etiqueta la pondrá quien le interese. El debate sobre lo ortodoxo y lo heterodoxo, lo correcto y lo incorrecto, lo bueno y lo malo es vano, eso son categorías que de nada sirven en el flamenco.

Ahora es momento de que seamos nosotros, los que consideramos el arte con carácter universal y no localista, los que recordemos a los puristas qué es el flamenco, porque esa es un pregunta con respuesta: pienso que flamenco es toda aquella pieza musical que, ajustándose a unos determinados aires rítmicos (tres por cuatro, cuatro por cuatro, compás de doce o sin compás) se interpreta al cante, al toque y/o al baile y es considerada por el auditorio como tal. Para ello se ha de desencadenar una empatía entre intérprete y receptor, que reacciona de forma sentimental con una palabra: "ole". Si alguien no está de acuerdo puede rebatirlo a través de email. Mi dirección es: correa@uhu.es . ¿Que no saben qué es un email? Comprendo, si no entienden el flamenco como lo que es, cómo van a saber qué es un correo electrónico.

Ustedes, los puristas, viven aferrados a un tiempo que no existe, se creen en una época pasada, y -lo peor de todo- es que pretenden instalar ahí el flamenco para siempre. Son deudores del mairenismo, que consideran la cumbre del flamenco. Bien, supongamos que tienen razón y que no deberían haber existido gente como Pepe Marchena, Manolo Caracol, Camarón de la Isla, Manolo Sanlúcar, Paco de Lucía o Enrique Morente, por ejemplo. Supongamos que la evolución se hubiera detenido en Antonio Mairena ¿Qué tendríamos hoy? Un arte muerto, porque sencillamente, le habría faltado el oxígeno de la fusión, del mestizaje. Habría muerto de inanición, sin el alimento del que se nutrió desde un principio: la simbiosis, el intercambio, la creación individual, etc.

Señores puristas, a ustedes me dirijo para decirles que su modelo se agotó. Gracias a Mairena por recuperar cantes con afán de enciclopedia sonora. Pero gracias también a todos aquellos artistas que provocan un "ole" desde el alma sin ceñirse a un canon estricto y hacen evolucionar al flamenco. Gracias a Lole y Manuel, a Jorge Pardo, a Isidro Muñoz, a Vicente Soto Sordera, a Pepe de Lucía, a José Miguel Evora, a Salmarina, a Cristina Hoyos, a CarIes Benavent, a Carmen Linares, a Manolo Soler y a tantos y tantos nombres que han sacado el flamenco de la oscuridad de los cuartos.

Caracol fue criticado por vosotros los puristas, lo mismo que Camarón, igual que Morente, pero sabed que en 1a zambra de Caracol hay más flamenco que en la soleá de muchos cantaores.

El Paquete, Vicente Amigo, Niña Pastori, Antonio Canales, Alba Molina, El Negri, Estrella Morente, Levantito, Chonchi Heredia o el Barrio no son, como dicen los medios de comunicación, el "nuevo": flamenco", en eso tienen razón los puristas. Sabed que creo en todos ellos y en muchos más como los flamencos de hoy.

Decía el triste presentador de aquel acto en Huelva: "Y ahora vamos a escuchar flamenco de verdad, el de Pansequito y Aurora Vargas. Por cierto ¿Han escuchado ustedes el disco de ésta última, "Acero frío"? Flamenco puro ¿Verdad?"

Como habrán podido comprobar, el articulito no tiene desperdicios. Descalificaciones, insultos y sandeces afloran por doquier. Ni que decir tiene, no seré yo quien intente contrarestar tanto infortunio. Entre cosas, porque me trae al pairo la opinión que a este señor les merecemos "los puristas". Y, por otro lado, como cuando se habla de flamenco -o de cualquier otro tema. Pero mucho más tratándose flamenco- debe primar el respeto a la opinión de los demás y, en este caso, es evidente que esto no ha ocurrido, no tengo más comentario que hacer al respecto ni darle ninguna satisfacción de respuesta.No obstante, he querido reproducir el articulito en cuestión para que todos aquellos puristas -que son bastante- que tienen a bien visitar mi página, se descojone leyendo tantas, digamos barbaridades.

HASTA OTRA Y QUE USTEDES LO DISFRUTEN, SEÑORES PURISTAS.

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LOS CRITICOS Y TEORICOS DEL FLAMENCO, VIVEN DEL CUENTO Y SE PERMITEN DAR OPINIONES

Cada día me sorprenden menos cosas en este bello y no menos difícil mundo del flamenco. Pero, a veces, leemos opiniones que nos dejan algo tocado (a mi si, por supuesto) que son, cuanto menos, merecedoras de una profunda reflexión: “Los críticos y teóricos del flamenco, viven del cuento y se permiten dar opiniones”.

Esta frase, sacada de un comentario sobre una determinada grabación del cantaor sevillano Calixto Sánchez, me ha obligado a sentarme delante de mi teclado para sacar una lanza en favor de todos esos compañeros que, con mayor o menor acierto, hacen críticas y vierten sus comentarios, sin ánimos de lucro, en diarios y revistas especializadas en el tema.
Muchas son las preguntas que me hago cuando leo este u otro tipo de comentarios: Pero, una de ella sobresale de todas como queriendo ser la primera en contestar a estas y otras desafortunadas aseveraciones.

Existirían los artistas flamencos (esto vale para cualquier género) sin la ardua y documentada aportación que hacen los críticos y comentaristas; sin olvidar los discutibles errores que, a veces puedan cometer. ¡Claro que, como los artistas flamencos nunca comenten errores (artísticamente hablando), pues tampoco suelen admitir ese tipo de críticas que no les son favorables!.

El pasado y ya lejano mágico año 1992, fue testigo del “PRIMER CONGRESO DE CRÍTICOS DE ARTE, organizado por la Peña Flamenca de Jaén durante los días 24 y 25 de octubre. En aquél congreso se valoraron estas y otras opiniones qué, partiendo de qué “no siempre el aficionado tiene razón” (esta aseveración es sólo amputable a quién esto firma), transcribiré algunas frases de los ponentes participantes en aquel primer y único congreso y que cada cual saque sus propias conclusiones.

_ Un critico de flamenco debe saber explicar, clasificar y juzgar lo que está viendo.-Antonio Gurrea Chalé.

_Para bien o para mal, somos la más importante parte de la difusión de lo flamenco.- Miguel Acal Jiménez.

_La crítica no tiene por qué ajustarse a la mentalidad popular.- Manuel Martín Martín.

_La crítica, pese a ser un riesgo gustosamente aceptado y mal (o nada, añado
yo) recompensado, con sus inevitables secuelas de incomprensiones, odios y envidas, la necesita tanto el artista como el público, y manifestarse en sentido contrario no sería mas que ceder a la demagogia.- Manuel Martín Martín.

Por último quiero traer aquí unas famosas palabras del malogrado crítico de cine Alfonso Sánchez: “CALENTANDO BUTACAS”. Así se forja un buen critico; claro que, algunos, ni así son capaces de hacer un juicio de valor al término de una actuación. ¿Será por eso que vomitan plomo envenenado contra todo crítico viviente?

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LAS LINDEZAS DE JOSÉ MERCÉ

“Con Camarón empezó el flamenco”

Pues sí, amigos lectores. Otra más de las lindezas a las que no tiene acostumbrado el señor Mercé.
Este disparate lo dijo el cantante (y no digo cantaor, porque no lo es) en una entrevista publicada en el diario El País el pasado día 1 del febrero. “Camarón fue un revolucionario del flamenco, con él empezó esta música”.
En honor a la verdad tengo que decir que nada, o casi nada, me sorprende sobre los comentarios vertidos por este cantante en los distintos medios de comunicación sociales. Pero éste, el que les comento, ha pasado todo los límites de la paciencia y tolerancia. O sea, que yo me entere señor Mercé, según usted José Monje Cruz “Camarón de la Isla” fue el que parió el flamenco. Increíble, aunque partiendo de usted no me sorprende nada. Pero como diría aquel, se ha pasado usted cuatro pueblo -yo diría que todos los de España y parte del extranjero-.
No se que es lo que pretende con tales aseveraciones; ¿tal vez justificar lo injustificable?: ¿la concesión de la lleva de oro del cante?

“El flamenco nuevo no existe”

En qué quedamos. ¿No hay una contradicción a lo ya comentado?. Desde luego con gente como usted el flamenco está donde está. Muy popularizado, eso si. Pero a todas luces devaluado, contaminado, mezclado, etc. Y lo que es peor, con ningún viso de retorno a su origen: no donde dice usted que empezó; sino en aquellos tiempos de Antonio Chacón, La Niña de los Peines, Juan Talega, Enrique el Mellizo, Juan Breva, El Canario y un largo etc. Qué, aunque con ellos tampoco empezó el flamenco, sí fueron los que supieron darle a este arte un marchamo de autenticidad flamenca.

"Los puritas están pasados de moda"


Este otro comentario no es la primera vez que lo leo. Lo tiene ya usted muy manido, ¿no crees?. Que pena me da leer este comentario de un artista que ha sido flamenco. Y digo bien: ha sido flamenco. Porque por mucho que se empeñe usted, señor Mercé, lo que usted hace no es flamenco. Por eso le califiqué al principio de mi artículo como cantante y no como cantaor; entre otras cosas porque para ser cantaor hay que cantar flamenco. Llámese flamenco a una soleá, seguiriya, toná, tientos o fandangos (por citar algunos). Y no esa música que usted hace y qué, los John Lennonn, Frank Sinatra y Bruce Springstee han influido en usted –según dice usted en la entrevista-. Muy flamenco estos artistas si señor.

En fin para que seguir con este tema. Si al final tendremos más de lo mismo. Lo que me extraña, es que aún (que yo sepa) nadie: críticos, cantaores, flamencólogos y todos aquellos que defiende al arte flamenco como lo que es, no hayan salido al paso y contrarrestar estas y otras lindezas a las que nos tiene acostumbrado el cantante José Mercé.
Aunque ahora que recuerdo, sí que he leído a uno que ha sacado una lanza en favor de los puritas; y ese no es otro que Jesé Meneses: “No hay nada en la fusión del flamenco que valga una peseta”. Desde luego absolutamente nada, añado yo.

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Una tormenta en un vaso de agua

Yo pensaba que, en este país llamado España, había libertad de expresión, y que ésta, no es patrimonio de unos pocos, sino de todo aquel que quiera exponer, exteriorizar, publicar, etc., su punto de vista, acuerdo, desacuerdo, disensión, disconformidad, etc. Que iluso soy: todavía no me he enterado que, a pesar de tener democracia en esta España mía, sólo pueden escribir los profesionales de los medios de comunicación social: Editores, redactores, diaristas, articulistas, y todos aquellos que viven de su pluma. Claro que, esto, es lo que se creen unos pocos –afortunadamente-. Y que yo sepa (y si lo ignoro me da lo mismo), cualquier persona tiene el derecho de opinar, públicamente, lo que le venga en gana. Eso si, con respeto y sin ofender ni insultar a nadie (como este no es mi caso sigo con mi comentario).
Centrándonos ya en el tema en cuestión, debo decir que mi artículo sobre el nombramiento de José Luis Ortiz Nuevo como director de la bienal malagueña ha despertado mucho interés. Y la verdad no entiendo el por qué. Simplemente ha sido un comentario más. Eso si, expuesto públicamente; que es, al fin y al cabo, lo que piensan una gran mayoría de escritores, flamencólogos, etc. que residen y trabajan todo el año por mantener viva la llama flamenca en la provincia de Málaga.
Hasta el día de hoy he recibido muchos mensajes a favor de mi comentario y dos en desacuerdo. Pues bien, como para gustos existen los colores, veamos algunos comentarios que me hacen en esas misivas.
Me dicen que el señor Ortiz es malagueño (de Archidona) y no sevillano como refiero en mi artículo. Debo aclarar que yo sí sabía la ciudad de nacimiento de D. José Luis. Y al decir: “un sevillano” no me refería, ni daba por hecho, que este señor fuera sevillano de nacimiento. Sino que, según mis informes, este señor reside desde hace muchos años en Sevilla; y, como para quién esto firma, no se es de donde se nace sino donde se reside, he situado la residencia de este caballero en la preciosa ciudad de Sevilla. De todas formas no creo que eso tenga la menor importancia. Simplemente ha sido un error de interpretación, posiblemente maliciosa. No obstante, si ello pudiera degenerar en un gran problema nacional para sevillanos y/o malagueños, pido las correspondientes disculpas.
Algunos me dan las gracias por sacar una lanza en favor de los críticos, flamencólogos, etc., residentes en Málaga. Pues, nuevamente, están en un error; craso error. Yo no he defendido a nadie (ya son mayorcitos para defenderse ellos solos), simplemente me he limitado a decir: “que los responsables culturales de la Diputación de Málaga han debido pensar, supongo, que aquí, en Málaga, no hay gente (residente) cualificada para llevar a buen puerto esa nave folklórica-cultural. Pero, si también esto ha sido interpretado erróneamente, lo siento; pero esa no ha sido mi intención.
Parece ser, por lo leído en un mensaje, que sólo Sevilla tiene el derecho a ser BIENAL DE FLAMENCO. Pues bien, yo tenía entendido que “bienal” es:

1. adj. Que sucede o se repite cada dos años: un proceso bienal. También s.

2. Que dura un bienio: su contrato es bienal.

3. f. Exposición o manifestación artística o cultural que se repite cada dos años.

Esto es lo que refiere el diccionario de la Real Academia de la Lengua. Si también estoy en un error, tendrán que pedirles explicaciones a los señores de la Real Academia. Pero como creo que estoy en lo cierto, seguiré llamando benial de flamenco a cualquier evento de este tipo que se celebre cada dos años. Por lo que, también en este comentario veo malicia. Pero como no es mi problema: que cada palo aguante su vela.
Por último, y dado que no quiero extenderme más en todo este asunto, diré que mi frase: “no es santo de mi devoción”, tampoco ha sido bien interpretada. Como persona, el señor Ortiz Nuevo, me merece todos los respetos habidos y por haber; igual que cualquier ser vivo de este planeta. Pero en lo que no estoy de acuerdo con él, es en su forma de ver y entender el flamenco. No me gusta como escribe, ni sus conferencias, ni sus montajes artísticos. Y a eso es a lo que me refería. Por tanto, una vez más, se ha manipulado, maliciosamente, mis comentarios.
Tiempo habrá de analizar la labor que desarrollará el señor Ortiz Nuevo en la próxima benial de flamenco en Málaga. Y, no le quepa la menor duda a nadie, que si ésta es favorable para Málaga y el flamenco, no me dolerá en prenda felicitarle en este medio. Pero tampoco sellarán mis labios, en este caso el teclado, para escribir que no ha sido buena si así me lo pareciere.
En cuanto a artículos como el mío “hacen daño al flamenco”. No se si reír o llorar. Pero, de esto, ya escribiré mas adelante. Sólo me resta, nuevamente, desearle al señor Ortiz Nuevo y a su equipo toda la suerte del mundo para que Málaga tenga un buen nombre en el mundo del flamenco, pese a quién le pese (que no son pocos).
Con esto termino, no más réplicas ni contrarréplicas. Y aquel que quiera polemizar, se ha equivocado de puerta.

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UNA REFLEXIÓN CRÍTICA SOBRE LA CRÍTICA FLAMENCA

Hacer una reflexión sobre la crítica flamenca no es nada fácil. Máxime teniendo en cuenta que, quien esto firma, forma parte de ese colectivo que acepta, gustosamente, un cierto riesgo, generalmente poco o nada recompensado arrastrando tras de sí incomprensiones, envidias, odios, rencores, etc.
Críticos, como en cualquier otra profesión, los hay buenos y malos -no confundir el crítico malo con el mal crítico-. No obstante estos últimos no deben preocupar a los aficionados dada su condición de ignorantes; sino aquellos otros que fomentan, sin escrúpulos, el compadreo, amiguismo y, sobre todo, y por encima de todo, el servilismo a un determinado colectivo de artistas.
Así como el buen crítico se hace en base a un completo estudio: "calentando butacas", como dejó dicho en su día el crítico de cine Alfonso Sánchez, el mal crítico es un producto elaborado por los M.C.S. a los que, en su mayoría, les importan bien poco el Arte Flamenco. Pero, como generalmente estos pésimos críticos infravaloran su trabajo -como no podía ser de otra manera- los directivos aceptan sus artículos para rellenar páginas o espacios radiofónicos sin costo alguno; no siendo conscientes, supongo, del daño que, a través de sus respectivos medios, le están haciendo al Arte Flamenco. Si no ¿cómo se explica la siguiente referencia aparecida no hace mucho en un periódico?. "la bulería no tiene medida". Por citar solo un ejemplo.
Otro de los males que tiene que soportar la crítica flamenca es la mala fe de los artistas. Ciertamente no son todos, pero sí una gran mayoría. Cuando se hace una mala crítica: entiéndase por mala crítica un análisis imparcial pero que no satisface al artista en cuestión. Entonces somos sometidos a todo tipo de descalificaciones.
¿Es que la crítica nunca se equivoca? Sin duda, le respondería; pero al igual que el crítico debe estar preparado para poder demostrar lo que dice, el artista puede y debe -faltaría más- revocar, con argumentos sólidos, quién está en posesión de la verdad.
Mención aparte merece ese porcentaje que con una pluma o micrófono, según su caso, sólo difunden cursilerías adornadas con bonitas y rebuscadas frases buscando su propio lucimiento sin importarles el fin último de la crítica. Claro que ellos no son los culpables directos de esas "crónicas rosas", si no los responsables de los medios que le dan cobijo. Pocos, muy pocos M.C.S. son los que mantienen en sus nóminas entendidos en la materia. ¡Así nos va a todos!.
Respecto a la "corrupción flamenca" dentro de la crítica- se suele hablar mucho sin llegar a demostrar realmente si ella existe. Pero, lo que a nadie escapa, al menos para los que estamos inmersos en este mundillo, es que existe un nutrido grupo de críticos que escriben más con el corazón -cuando de amigos se trata- que con la cabeza. Como tampoco podemos, ni debemos, aprobar a esos otros que, impulsados por desavenencias con artistas, empresarios, organizadores, etc., machaquen sin escrúpulos -incluso con insultos- a fulanito o menganito.
Siempre he dicho, porque así lo pienso, que el primer y mejor crítico es el propio artista. Pero nunca un cualificado mediador, por razones obvias, entre su arte y el respetable. He conocido a muchos profesionales que no han tenido reparos en reconocer y admitir sus errores; hecho que, sin duda, los valora positivamente. ¿Pero, y esos otros que no admiten que nadie les corrija lanzándose por el siempre resbaladizo tobogán de las descalificaciones hacia el escribidor de turno? Claro que, afortunadamente, estos últimos suelen ser los más mediocres y poco o nada profesionales.
Por último quiero exponer lo que, a mi forma de ver y entender, debe y no debe ser un crítico de Arte Flamenco.

UN CRÍTICO DE ARTE FLAMENCO DEBE SER


*Un mero mediador entre el artista y el público
*Tener presente que, sus críticas, son un arma muy poderosa y, por tanto, debe saber hacer un buen uso de ellas; sin que tal condición le mediatice.
*Que posea una función educadora que, según sus conocimientos, marcará a los neófitos que por primera vez se acerquen al Flamenco
*Honrado consigo mismo y escribir o hablar, en su caso, lo que le dicte su conciencia. Pero nunca pensando en la amistad que pueda o no existir con el artista.
*Ser firme en su criterio y saber defenderse, con argumentos sólidos, ante posibles contraataques.
*A reconocer, públicamente, sus errores llegado el momento.

 

UN CRÍTICO DE ARTE FLAMENCO NO DEBE SER

Un publicista al servicio del artista.

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¿Existe la “Soleá de Vélez”?

He tenido la suerte de ser invitado a las sesiones de estudios flamencos que la Peña Flamenca “Juan Breva” organiza cada martes, a las nueve de la noche.
La primera charla-conferencia, a cargo de Pablo Franco, giró en torno a la soleá apolá. El ponente no se limitó, como casi siempre ocurre, a leer unos folios preparados a tal fin; sino que, a medida que teorizaba sobre la génesis de dicha soleá, sus influjos, su paulatina transformación que ha ido adquiriendo a lo largo de los años y, cómo no, el cantaor que hizo posible disfrutar de un estilo de soleá tan difícil y bello al mismo tiempo, fue ilustrando su dictamen con ejemplos sonoros que venían a testificar cuanto iba comentando.
El objetivo que perseguía Pablo Franco: abrir una vía de investigación sobre la cada vez más mencionada “Soleá de Vélez”, no es una utopía; ni mucho menos. Queda mucho camino por recorrer para llegar, algún día, a poner a ese estilo de soleá un marchamo de autenticidad malagueño. Pero, a qué engañarnos, para ello hay que ir derribando dogmas, en su mayoría basados en el chovinismo puro, que sentaron cátedra aquellos escritores (desconocían, en su mayoría el flamenco) que se dejaron aconsejar por sectores partidistas (los menos) y un colectivo bien definido (los más).
Desconozco si el tiempo que invertirá Pablo Franco en este arduo trabajo será recompensado. Pero sea como fuere, la brecha que ha abierto en esa muralla llamada investigación flamenca, es muy significativa y no exenta de credibilidad.
Demos tiempo al tiempo. Y, como dice Pablo, “esto es sólo el inicio de una investigación. Sólo el tiempo nos dirá si tenemos o no razón”.

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El flamenco tradicional tiene cada vez menos adeptos

Posiblemente haya gente que me tilde de pesimista, melancólico, afligido, etc. al leer algunos de mis artículos en defensa del ARTE FLAMENCO TRADICIONAL.
Pues sí, miren ustedes; es totalmente cierto. Eso es lo que me ocurre cuando asisto a un evento flamenco y veo el aforo del local, teatro, auditórium, etc.
El pasado día 7 de julio se celebraba, en Mijas (Málaga), la final del V Concurso Nacional de Arte Flamenco “Villa de Mijas” dedicado al baile.
Pena, tristeza, rebeldía y mucha impotencia corrían por cada centímetro de mis arterias al ver el aforo del Auditórium de Mijas: unas doscientas personas para un aforo de mil.
Quién no estuviera allí, podría pensar que lo que ofrecía la organización no merecía la pena como para desplazarse hasta ese bello pueblo de Mijas. Pues no señores, todo lo contrario.
Admito -pero no lo acepto ni comparto- que los finalistas: Melisa Calero y Hugo López, ambas jóvenes y futuras promesas del baile cordobés, no fueran primeras figuras del baile y, por ello, restara interés al aficionado. Pero, ¿qué me dicen de la artista invitada?. ¿No es primera figura del cante?.
Elu de Jerez, cantaora larga y sobrada de compás, fue la artista elegida por los responsables de las peñas flamencas “Unión del Cante” y “El gallo” para amenizar el vacío que siempre queda cuando los componentes del jurado se retiran a deliberar.
Cuando la jerezana subió al escenario, conté un centenar (siendo muy benévolo) de personas. Y ahí empezó el éxodo.
Elu de Jerez inició su actuación por cantiñas, siguió con cantes mineros, tangos, fandangos y terminó por bulería.
No voy a hacer ninguna crítica sobre el arte, mucho arte, que derramó por el escenario esta jerezana. Entre otras cosas porque no es el objetivo de este comentario. Pero no puedo ni debo silenciar –mi conciencia no me lo permite- la falta de respeto del público: al tercer cante de Elu, un nutrido número de personas empezaron a desfilar hacia la salida del auditórium; quedando una veintena de aficionados. ¡Pudieron, y debieron haber esperado que terminase el cante!
Sinceramente no lo entiendo. Como tampoco lo entendían los organizadores que, amargamente, comentaban la negativa actitud del respetable (¿?).
Cuanto trabajo ignorado. Cuantos sinsabores acumulados. Cuantas horas de dedicación. Y todo ¿para qué?. Para nada. Bueno sí: para tener la conciencia limpia y el sentimiento del deber cumplido.
Espero, y deseo, que los responsables culturales del Ayuntamiento de Mijas, allí presentes, no tomen represalias para el próximo año. Quizá sea el momento de buscar un nuevo enclave, una nueva oferta cultural flamenca, pero nunca tirar la toalla. Más que nada, por los peñistas y, sobre todo, por la comisión encargada de llevar a cabo el evento. A estos aficionados, sin ánimo de lucro, sólo les mueve un sentimiento común: LA DEFENSA DEL FLAMENCO TRADICIONAL.

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La música flamenca. Una reflexión terapéutica.

Comúnmente, se entienden las pasiones como sentimientos de una gran intensidad, con un carácter incontrolable en su mayor magnitud que, dependiendo de la actividad en la que recaiga, puede constituir una labor beneficiosa o perjudicial para la persona. Y es que, de la genialidad a la locura hay, tan solo un paso.

“Los extremos nunca son buenos” –más bien… in medio virtus-, solían afirmar personas que se han interesado en mi desarrollo intelectual y social. No obstante, el extremo trabajo suele desembocar en logros insospechados. Donde se encuentra el término medio reside la base de la inteligencia emocional. El dilema se presenta en el descubrimiento de tal punto sin que nuestras aspiraciones o nuestros deseos hagan estragos en nosotros desestabilizando aspectos sumamente importantes, como son las relaciones interpersonales, ya sea a nivel conyugal, familiar, fraternal, laboral, etc.
La persona que posee un alto nivel de inteligencia emocional disfruta de estabilidad en todos los ámbitos de su vida; sabe y aprende a afrontar los avatares de la vida y, basada en una finalidad de interés supremo propio, justifica su negación pasional egocéntrica por una meta, proyecto o logro que se consigue a través del tesón y trabajo. Esto me lleva a reflexionar que las cosas que de verdad merecen la pena no son recompensas momentáneas y banales, sino vivencias que elevan al ser humano a la categoría de ser racional guiado por la ética.
"El genio se compone del dos por ciento de talento y del noventa y ocho por ciento de perseverante aplicación." Beethoven (1770 – 1827). La visión de Beethoven, uno de los mayores genios con los que cuenta la historia de la música, puede acercarnos a la idea que pretendo expresar.
Por otra parte, la música siempre ha sido un referente básico en la canalización y expresión sentimental del ser humano. La gran mayoría de las civilizaciones cuentan con aspectos musicales dentro de su configuración cultural. Tal es el punto al que llegamos que, no en pocas ocasiones, se utiliza para elevar el estado anímico conforme a la situación en la que nos encontramos. Existe música para la alegría y el llanto, para la euforia y para las lamentaciones, para acontecimientos religiosos y para los profanos,… La influencia se hace notoria en nuestro interior evocando emociones, las cuales, si entran en una magnitud desbordada, pueden ocasionarnos algunos problemas.
Todos conocemos hoy la existencia de sustancias tóxicas legales e ilegales, en cualquier caso, legitimadas por cierto sector social. El uso de las mismas suele representar parte importante para la diversión de este sector, pero las consecuencias que ocasionan no suelen ser tan solamente perjudiciales para la salud. Me estoy refiriendo a que, no en pocos casos, la vida afectiva y social se ven depravadas por la manifestación de una personalidad irreal e ilusa, provocada por sustancias que alteran el organismo. Con ello, llego a plantearme que, por el mero hecho de lograr un estado emocional irreal a corto plazo, se sacrifican y destruyen elementos tan importantes como son la configuración de valores y preferencias de una persona: familia, trabajo, amistades y otros ámbitos. Hablando claro: la droga hace estragos.
Los efectos ocasionados pueden llevar a la interpretación del organismo del contacto con estímulos más intensos y variados. Siempre en un mundo inexistente, la música actúa acentuando estos efectos. Pero dejando un poco de lado esta temática que jamás perderé de vista, el tema pasional constituye el elemento clave de interés, el cual, en términos desmedidos, acaba acarreando la inestabilidad emocional, la pérdida del autocontrol y situación individual en la que existe el único interés de complacer tal deseo.
El flamenco, como suelo manifestar, es una rica fuente de estímulos que hace evocar a la persona emociones, sentimientos e, incluso, pasiones. Recoge, en toda su categoría, los fenómenos sociales que afectan a la humanidad, suscita y posibilita la identificación fraternal y, entre otras muchas vertientes que posee, es capaz de influir en la motivación, el autoconcepto – concepción de la propia persona – y el desarrollo de una sensibilidad especial de las personas que entran en contacto con él directamente –al igual que algunos otros estilos de música-. Desgraciadamente, por el juicio pasional, se acaban entablando conflictos injustificados favorecedores del deterioro de las relaciones humanas. Del mismo modo, unido a viejos mitos que perpetúan la diferencia entre estatus sociales y un estilo de personalidad “bohemio” malentendido, es capaz de basar su repercusión en otros ámbitos de la vida. En estos aspectos entra la pasión en su significado más puro. Del griego pathos, – conmoción fisiológica o trastornos – es definido por la Real Academia de la Lengua como la acción de padecer. Algo como la música, y de modo especial la flamenca, que puede ser una perfecta terapia para conseguir nuestra estabilidad emocional, aunque – y es cierto – pueda ocasionarnos problemas cuando se llega a la pasión. Es entonces cuando llegamos al extremo del que se citaba al principio, constituyendo una prioridad insustituible que se retroalimenta de una única intención, esto es, seguir manteniendo tal pasión. El resultado de esta situación suele desembocar en el aislamiento, obsesión, y otros factores que potencian el egocentrismo más puro.
Ante esta situación, sólo cabe destacar los recursos existentes: el discernimiento, la capacidad de obrar el bien, nuestra forma de estimularnos y de vivir dependen de las decisiones que tomemos. Ser inteligente, emocionalmente hablando, depende de la relevancia que le demos a ello en nuestra vida y, cómo no, en el flamenco. Lógicamente, la música flamenca puede aportarnos aspectos positivos, libre de perjuicios, reconduciendo nuestra actividad cognitiva hacia un estado mejor. Todo depende de cómo lo llevemos a cabo. Puede mejorar nuestro estado de ánimo, facilitar la comunicación por diferentes vías de expresión, estimular nuestra mente, potenciar el aprendizaje y generar un sin fin más de beneficios casi incontables. Lejos de las pasiones y extremos que avivan viejos mitos nocivos para la persona, se puede afirmar que el flamenco se convierte en un verdadero y auténtico recurso musicoterapéutico.

Daniel Mora,

Guitarrista y Licenciado en Pedagogía (UMA)

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¿El nuevo modelo de festivales que pretende la Diputación de Málaga acabará con los macrocontratos?

La Diputación de Málaga nos vuelve a sorprender –gratamente- con una nueva iniciativa flamenca: Modernizar los festivales.

Ni que decir tiene, para quien esto firma, la noticia es cuanto menos alentadora. Esto es, precisamente –con ciertos matices-, lo que he venido demandando durante muchos años.
La aparición de los festivales, a finales de los años 50, cuyo principal objetivo era difundir el arte andaluz, llegó a tener tal auge, que raro era no encontrar algún que otro festival en todos y cada uno de los pueblos andaluces; por muy pequeños que éstos fueran. Hoy, casi medio siglo después, la diputación malagueña busca un nuevo objetivo: la difusión del folklore malagueño.
Para ello, el presidente, Señor Pendón, ha reunido a organizadores de festivales dependientes de los distintos ayuntamientos de toda la comarca para que juntos, terminen con los maratonianos festivales.
Pero no queda ahí la propuesta del presidente, sino que pone como condición irrefutable, para recibir la correspondiente subvención, incluir una panda de verdiales encargada de abrir el telón del festival.
No veo mal la idea –imposición-, sobre todo cuando se trata de fertilizar el folklore autóctono de esta región andaluza. Pero, entonces, habrá que cambiar el etiquetado. Ya no podrá llamarse FESTIVAL FLAMENCO. Porque, los verdiales, los que cantan las pandas, no es flamenco.
En cuanto a la inclusión de un cantaor/a malagueño, estoy totalmente de acuerdo. Por lo general se abusa, en demasía, contratando artistas foráneos que, salvo contadas ocasiones, no cumplen con los objetivos deseados; obstaculizando así la contratación de artistas lugareños.
También estoy en total acuerdo con la estructura del festival, en cuanto a cantaores se refiere: un máximo de cuatro. Pero no lo estoy al imponer que, el baile, esté representado sólo por artistas malagueños. Una cosa es que se quiera proyectar a nuestros artistas, lo cual considero necesario, y otra bien distinta es que se vete, constantemente, la presencia de bailaores/as allende nuestras fronteras.
Referente a las cuantías a subvencionar por la diputación, se me antoja, cuando menos, insuficientes. 4.000 €, 3.000 €, 2.000 € y 1.000 €; dependiendo de la categoría del festival. Si tenemos en cuenta que, un solo artista llega a cobrar la desorbitante y escalofriante cantidad de 6.000 € –y más-, la subvención se quedaría cortita. Aunque, mirándolo con la lupa de la buena voluntad, éste podría ser el principio del fin de los macrocontratos de la gran mayoría de los artistas flamencos. Pero, conociendo el percal artístico y organizativo de los festivales flamencos, los aficionados seguirán viendo las populares figuras y escuchando poquito cante.
Así las cosas, estamos ante una iniciativa positiva y necesaria que, puliendo algunos de los matices expuestos, pudiéramos estar hablando de un nuevo modelo de festivales. ¿Será éste, el modelo, que anhelamos los flamencos?.

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BALANCE-REFLEXIÓN DEL AÑO 2006

Un balance, en este caso referente al arte flamenco, debiera ser un fiel reflejo de todas y cada una de las actividades habidas durante el transcurso de un año natural.

Quien esto firma no pretende ofrecerles a ustedes un catálogo exhaustivo de cuanto ha ocurrido durante el año 2006. Entre otras cosas, porque serian inagotables las referencias de premios, reconocimientos, discos, libros, festivales, peñas flamencas, etc. Y, además, muchas de estas noticias no tienen, a mi modo de entender el flamenco, cabida –por razones obvias- en mi página Web.

Los premios, salvo honrosas excepciones, han sido dados mirando más los nombres y personas que por la calidad de sus intérpretes. Algo, por otra parte, muy habitual en el mundo del flamenco.

Seleccionar un buen trabajo discográfico, entre los muchos editados durante el año es, cuanto menos, una odisea. La mayoría de ellos están cortados por el mismo patrón: muchos arreglos musicales para hacerlos más vendibles; pero de flamenco na de na.

La literatura flamenca siempre ha sido, y seguirá siendo, el cajón de sastre del arte flamenco. El 90% de los escritores impregnan las páginas de sus libros con aseveraciones carentes de total veracidad. La mayoría de los literatos se plagian unos a otros sin aportar nada nuevo. Mientras, la historia flamenca, sigue en pañales: vulnerable a tantos desaprensivos escribidores.

La gallina de los huevos de oro de los artistas está en decadencia, es decir: los festivales flamencos. Éstos siguen –salvo contadísimas excepciones- con la misma estructura desde su aparición a finales de los años cincuenta. Los organizadores son incompetentes y/o poco o nada valientes como para atajar el problema en su raíz. Y, mientras, los artistas, aquellos que sólo viven de sus recuerdos, junto a teloneros de turno hacen su agosto.

Las peñas flamencas que nacieron todas con el firme propósito de apoyar, difundir y engrandecer el arte flamenco, están tocando –salvo unas cuantas- fondo. Muchas de ellas, la gran mayoría, se están olvidando del motivo principal de su fundación. Cierto es que, ni los responsables culturales de los distintos estamentos oficiales, medios de comunicaciones, críticos, flamencólogos y artistas en general, ayudan mucho para evitar que los templos flamencos sigan siendo lugar de encuentro de aficionados flamencos. Por eso, estoy convencido, desparecen más asociaciones culturales flamencas que nacen.


Los medios de comunicación social, en su mayoría, dejan mucho que desear en cuanto a la atención que prestan al flamenco. La gran mayoría de informadores –que no críticos- que figuran como redactores no están cualificados. Los auténticos críticos –que pocos quedan- no interesan porque, entre otras cosas, hay que pagarles. ¿Será la recién creada “Asociación de Periodistas Especializados en Flamenco” capaz de poner fin a tanto despropósito. El tiempo lo dirá; pero, si ocurre lo mismo que con la Asociación Nacional de Críticos de Arte Flamenco, apañados vamos.

No quisiera terminar esta reflexión, a modo de balance, sin mencionar a los artistas: los únicos que saben de cante, según ellos. A este colectivo, sobre todo a los jóvenes, les sugiero que lean y escuchen a los sabios del cante. A los que dieron su vida, por unas míseras pesetas, en pro del flamenco. Que antes de exigir suculentos contratos, aprendan a cantar. Que con veintitantos años no pretendan ser figura del cante, toque o baile: en esta profesión no se termina nunca de aprender. Y sobre todo, y por encima de todo, copien la humildad de los que fueron auténticas figuras del arte flamenco: de prepotentes estamos sobrados en este bello y no menos difícil mundo del flamenco.

Como habrá comprobado el lector, si ha tenido la paciencia de llegar hasta aquí, este balance-reflexión- sólo recoge lo que, a juicio de quien esto firma, siguen siendo las asignaturas pendientes del flamenco. Por supuesto que ha habido cosas positivas; ni que decir tiene. Pero éstas ya las conocen todos los aficionados; y las negativas también. Pero, como siempre obviamos, o hacemos oídos sordos a lo que no funciona, nunca viene mal que alguien recuerde –como en este caso ocurre- lo que hay que cambiar para no caer en los mismos errores un año más.

Para finalizar, y ahora sí, quiero expresar mi deseo para este año que acaba de nacer:
Que todos los que nos dedicamos a esto del flamenco, entiéndase artistas, escritores, críticos, flamencólogos, aficionados, promotores, productores, patrocinadores, organizadores y responsables de eventos y certámenes en general, que cada uno cumpla con su misión. Si esto se consigue, utopía sin duda alguna, el arte flamenco ocupará el lugar que, por derecho, le pertenece. Mientras tanto, seguiremos demandándolo. Que así sea.

 

José Ramón Zapata