REFLEXIÓN
SOBRE LA CRÍTICA FLAMENCA
Hacer
una reflexión sobre la crítica flamenca
no es nada fácil. Máxime teniendo en
cuenta que, quien esto firma, forma parte de ese colectivo
que acepta, gustosamente, un cierto riesgo, generalmente
poco o nada recompensado arrastrando tras de sí
incomprensiones, envidias, odios, rencores, etc.
Críticos, como en cualquier otra profesión,
los hay buenos y malos -no confundir el crítico
malo con el mal crítico-. No obstante estos
últimos no deben preocupar a los aficionados
dada su condición de ignorantes; sino aquellos
otros que fomentan, sin escrúpulos, el compadreo,
amiguismo y, sobre todo, y por encima de todo, el
servilismo a un determinado colectivo de artistas.
Así como el buen crítico se hace en
base a un completo estudio: "calentando butacas",
como dejó dicho en su día el crítico
de cine Alfonso Sánchez, el mal crítico
es un producto elaborado por los M.C.S. a los que,
en su mayoría, les importan bien poco el Arte
Flamenco. Pero, como generalmente estos pésimos
críticos infravaloran su trabajo -como no podía
de otra manera- los directivos aceptan sus artículos
para rellenar páginas o espacios radiofónicos
sin costo alguno; no siendo conscientes, supongo,
del daño que, a través de sus respectivos
medios, le están haciendo al Arte Flamenco.
Si no ¿cómo se explica la siguiente
referencia aparecida no hace mucho en un periódico?.
"la bulería no tiene medida". Por
citar solo un ejemplo.
Otro de los males que tiene que soportar la crítica
flamenca es la mala fe de los artistas. Ciertamente
no son todos, pero sí una gran mayoría.
Cuando se hace una mala crítica: entiéndase
por mala crítica un análisis imparcial
pero que no satisface al artista en cuestión.
Entonces somos sometidos a todo tipo de descalificaciones.
¿Es que la crítica nunca se equivoca?
Sin duda, le respondería; pero al igual que
el crítico debe estar preparado para poder
demostrar lo que dice, el artista puede y debe -faltaría
más revocar, con argumentos sólidos,
quién está en posesión de la
verdad.
Mención aparte merece ese porcentaje que con
una pluma o micrófono, según su caso,
sólo difunden cursilerías adornadas
con bonitas y rebuscadas frases buscando su propio
lucimiento sin importarles el fin último de
la crítica. Claro que ellos no son los culpables
directos de esas "crónicas rosas",
si no los responsables de los medios que le dan cobijo.
Pocos, muy pocos M.C.S. son los que mantienen en sus
nóminas entendidos en la materia. ¡Así
nos va a todos!.
Respecto a la "corrupción flamenca"
dentro de la crítica- se suele hablar mucho
sin llegar a demostrar realmente si ella existe. Pero,
lo que a nadie escapa, al menos para los que estamos
inmersos en este mundillo, es que existe un nutrido
grupo de críticos que escriben más con
el corazón -cuando de amigos se trata- que
con la cabeza. Como tampoco podemos, ni debemos, aprobar
a esos otros que, impulsados por desavenencias con
artistas, empresarios, organizadores, etc., machaquen
sin escrúpulos -incluso con insultos- a fulanito
o menganito.
Siempre he dicho, porque así lo pienso, que
el primer y mejor crítico es el propio artista.
Pero nunca un cualificado mediador, por razones obvias,
entre su arte y el respetable. He conocido a muchos
profesionales que no han tenido reparos en reconocer
y admitir sus errores; hecho que, sin duda, los valora
positivamente. ¿Pero, y esos otros que no admiten
que nadie les corrija lanzándose por el siempre
resbaladizo tobogán de las descalificaciones
hacia el escribidor de turno? Claro que, afortunadamente,
estos últimos suelen ser los más mediocres
y poco o nada profesionales.
Por último quiero exponer lo que, a mi forma
de ver y entender, debe y no debe ser un crítico
de Arte Flamenco.
*Un mero mediador entre el artista y el público
*Tener presente que, sus críticas, son un arma
muy poderosa y, por tanto, debe saber hacer un buen
uso de ellas; sin que tal condición le mediatice.
*Que posea una función educadora que, según
sus conocimientos, marcará a los neófitos
que por primera vez se acerquen al Flamenco
*Honrado consigo mismo y escribir o hablar, en su
caso, lo que le dicte su conciencia. Pero nunca pensando
en la amistad que pueda o no existir con el artista.
*Ser firme en su criterio y saber defenderse, con
argumentos sólidos, ante posibles contraataques
A reconocer, públicamente, sus errores llegado
el momento.
NO
DEBE SER
Un publicista al servicio del artista.
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DIFICULTADES
DE LA JUVENTUD PARA ACCEDER AL FLAMENCO
Que
el flamenco no está a la altura de cualquiera,
es un hecho tan evidente que nadie puede negarlo.
Para
Ilegar a enamorarse de este arte, mundialmente reconocido,
es imprescindible conocerlo. Ya lo dice un principio
escolástico, "nada es guerido si antes
no es conocido". Y ahí radica el principal
problema de la juventud.
Este
numeroso colectivo, al que no se les ha prestado mucha
atención -yo diría que ninguna-, siempre
ha sostenido, y sigue sosteniendo, a la hora de tomar
contacto con el flamenco, que este arte está
hecho para un determinado público con edad
avanzada.
He
venido sosteniendo -contra viento y marea- desde hace
mucho tiempo que, una gran culpa -por no decir toda-,
de este vacío de juventud, la tenemos los que
nos movemos en este siempre dificil y no menos bello
mundo del flamenco.
A
lo largo de la historia del flamenco ha existido,
y desgraciadamente sigue existiendo, aunque cada vez
en menor medida, una falsa leyenda en torno al flamenco;
casi slempre manipulada y mal vendida. Pero no por
el azar o ignorancia, sino por intereses partidistas
de un pueblo: gitano para más señas,
que ha querido apropiarse de este arte y venderlo
como suyo. Por eso, la juventud, ha sido siempre remisa
a la hora de acercarse al flamenco.
Cierto
es que los jóvenes de hoy parecen declinarse
más hacia otro tipo de música, más
bullanguera y ruidosa que les ofrecen las discotecas.
No obstante, este mismo caso se da también
en la mal Ilamada "música culta";
es decir, la clásica. Pero los amantes de esta
música, sí saben defender, y bien que
lo hacen, sus propios valores culturales.
El
resultado de analizar este fenómeno nos da
como denominador común el que la juventud está
haciendo caso omiso a sus raíces, tradiciones,
cultura, etc... Posiblemente habría que preguntarse:
¿Nos hemos preocupados nosotros de cultivarlos?.
Luego
entonces surge una nueva interrogante: ¿ Porqué
la juventud, en una gran mayoria, argumenta que no
les gusta el flamenco?. Sinceramente creo que porque
no lo ha escuchado.
Posiblemente,
el motivo, sino principal si importante, sea el ambiente.
Creo, después de lo mucho vivido en el mundo
del flamenco, que el joven nesecita estar inmerso
en un ambiente que le posibilite escuchar y disfrutar
del arte namenco. Un hecho significativo, que bien
podría servirno de ejemplo, es la Semana Santa.
No es extraño ver como la gente joven, en una
gran mayoría, se siente atraída al escuchar
una saeta en plena calle; saeta que, dicho sea de
paso, no es otra cosa que una Seguiriya, Martinete
o Carcelera, por citar tan sólo tres ejemplos.
Ahí podemos comprobar que, en ese mismo instante,
el saetero ha propiciado el ambiente adecuado y que,
además, justifica ese cante. Por tanto, los
oyentes, los saeteros pasivos, nos encontramos, anímicamente,
preparados. Todo lo contrario ocurre cuando al joven
se le ofrece el flamenco en un medio o entorno poco
ambientado que le despierte el apetito por el flamenco.
Después
de lo dicho, es evidente, al menos a mi me lo parece,
que es de suma urgencia intentar un acercamiento de
los jóvenes al flamenco. Pero, también
debemos nosotros ser conscientes, que los propios
flamencos son los que deben dar el primer paso; facilitando
asi el camino que hasta ahora no existe. Pero cuidado,
no es tan fácil como parece. No caigamos en
el error del engaño. A los jóvenes hay
que atraerlos anteponiendo la verdad, por muy cruel
que esta sea, a los intereses partidistas de mucha
gente. Sobre todo de una buena parte de los peñistas.
Es
evidente que existen varios caminos que nos pueda
conducir a ese
objetivo final: el acercamiento de la Juventud al
Arte Flamenco. Pero, también debemos tener
en cuenta, que la responsabilidad de ese acercamiento
es total y exclusivamente de las peñas. Porque
nadie olvide, que las peñas flamencas no nacen
-al menos no deberían haber nacido- para beber
vino, hablar de futbol, contar chistes y cuando nos
viene en gana, apuntarse algún cantecito. Esa
no debe ser, aunque desgraciadamente así suele
ocurrir, salvaguardando las excepciones, la filosofía
de una Peña Flamenca.
¿Entonces
que hacer?. Pues todo lo contrario de lo que acabo
de decir. Al flamenco hay que tratarlo como lo que
es: Cultura. Y el que no lo quiera entender así,
lo mejor que puede hacer es desligarse de este tipo
de asociaciones. Y, mucho menos, ocupar cargos de
responsabilidad en las juntas directivas para que
no ocurra lo que, desgraciadamente, viene sucediendo.
Y, en esta ciudad, sabemos mucho de eso.
Bien,
una vez sabido que el flamenco es un arte, y como
tal hay que tratarlo, deberíamos velar para
que se le otorgue las mismas consideraciones que a
otros hechos culturales. Pero, para eso, los peñistas,
deberían ser los primeros en dar ejemplo, y
sobre todo concienciarse de la labor que tienen que
realizar. Y dejarse de tantas mentiras, farsas, envidias
y ataques personales que no conducen a nada. Bueno
sí, a dividir cada vez más la afición
flamenca.
Otro
de los foros importantes, poco o nada visitados, es
sin duda los centros de enseñanzas. iQué
poca atención les prestamos a los niños!.
No nos damos cuenta, o no queremos que para el caso
es lo mismo, que el futuro de este arte pasa, necerariamente,
por ellos. ¿Quién va a revitalizar esa
Ilama, casi agotada, si no les procuramos los medios
adecuados. Créanme, y lo digo con total sinceridad,
nos estamos equivocando de forma de proceder.
Bien,
Ilegado el momento, hay que hablar de relevo. Un relevo
sin prisas pero sin pausas. Y ahí entra el
protagonismo de la juventud. Los jóvenes actuales
suelen tener las ideas muy daras: tal vez, estoy convencido,
mucho más que nosotros. Y, por tanto, tienen
mucho que decir. Pues, dejémosles que hablen
y nosotros intentar encausar sus palabras de forma
adecuada. Y para ello deberiamos de]ar aparcado nuestra
orgullo, motivado por esa experiencia de la que tanto
alardeamos, y que viene marcado por el paso de los
años.
Pero,
para ello, no debemos callarnos, porque no sería
bueno para el futuro del flamenco, sobre el insulto
que, a través de ese nuevo movimiento Ilamado
flamenco pop, flamenco fusión etc., estamos
padeciendo.
No
podemos, ni debemos, permitir que los jóvenes
se enganche a un falso flamenco. Si optan por ese
tipo de música, nada que objetar; cada cual
es libre de elegir sus propias aficiones. Pero, hay
que hacerles ver que eso, a lo que ello se están
acercando, movido por reclamo del puro marketin, no
es flamenco; será el tipo de música
que sea, pero nunca flamenco.
Cuando
al hijo de Juan Habichuela, componente de Ketama,
le oigo decir que lo que ellos hacen es flamenco,
no puedo más que sentir pena; no por ellos
-son libres de decir lo que quieran, y yo de contrarrestarlos-,
sino por los jóvenes. Porque, no se si intencionadamente
o no, están adulterando el flamenco. Pero no
quiero quedarme ahí; no solo los Ketama atenta
contra raíces del flamenco, Ray Heredia, Raimundo
Amador, Mesa Camilla y un largo etc. también
lo hacen. Y, por citar la última aberración
cometida contra el arte flamenco, comentarles, que
en unas declaraciones en televisión, los del
Río, ya saben, esos de la Macarena, decian
que ellos cantaban flamenco. Ante esto, los que amamos
al flamenco como arte y música autóctona
andaluza deberíamos, tenemos la obligación
de desenmascararlos.
Pues
bien, esto es lo que debemos denunciar a los jóvenes.
Decirles claramente, y en voz alta, que eso no es
flamenco, ni lo podrá ser nunca, por mucho
que ellos lo digan y las casas comerciales lo apoyen.
Porque el flamenco es mucho más que todos eso:
el flamenco es un arte recreado por todas y cada una
de las culturas que por Andalucía pasaron;
todo lo demás es fruto de trabajos de laboratorios
con el objetivo de ganar mucho dinero, fácil
por supuesto.
Pero
no toda la culpa de la poca participación de
la juventud la tienen los peñistas, también
existe otro colectivo que no aportan soluciones a
la cada vez más necesidad de captación
de jóvenes.
A
los artistas noveles se les presta poca atención,
por lo que se encuentran con no pocos obstáculos
para desarrollar su carrera y convertirse en profesionales.
Me estoy refiriendo a los organizadores de espectáculos,
sin olvidar claro está, a las casas discográficas;
medio éste, idóneo sin duda, para la
promoción de los nuevos valores.
Otro
de los puntos negativos para, con los jóvenes
artistas; es sin duda los concursos. En la mayoría
be los casos no les sirven de promoción, al
contar con una cuantía económica, más
o menos golosa, pero que no ayuda en absoluto hacia
una proyección profesional. Y, por otra parte,
esos otros artistas, menos jóvenes, Ilamados
profesionales de los concursos, suelen ser los acaparadores
de todos los premios.
Y
que me dicen de los Medios de Comunicación
Social. Estos también tiene su parte de culpabilidad.
No se preocupan, sino que a la mayoría de ellos
les es indiferente este arte. Algunos ofrecen noticias
de los distintos eventos que se organizan, si se les
proporcionan los artículos ya redactados. Otros
transcriben escuetamente el contenido del saluda,
cuando no se les olvidan -eso dicen ellos- publicar
la noticia. Por lo que infravaloraban el trabajo del
especialista. En pocas palabras: no hay dinero para
el flamenco. Con lo cual, las noticias que se publican
carecen de una seriedad y veracidad. Claro que mientras
existan neófitos del flamenco, que se presten
a escribir sin un mínimo de rigor, el flamenco
seguirá siendo, la cenicienta de todos los
artes. Aunque, a que negarlo, la culpa no cs de ellos,
sino de quien se lo publica. Pero claro, al no costar
dinero. En cambio, si hay dinero para esos tros programas
basura que todos conocemos y repudiamos. Así,
con esta postura, no ayudaremos en nada a la revalorización
y evolución del arte flamenco.
En
fin, estamos ante un campo de minas. Y, por tanto,
debemos mirar bien donde pisamos . De lo contrario
empeoraríamos aún más la situación.
Todos absolutamente todos debemos aportar nuestros
conocimientos y medios técnicos y humanos para
frenar el deterioro paulatino de la afición
que está sufriendo el flamenco.
NO
TODO LO ANTIGUO ES BUENO
Para
terminar este articulo, les diré con toda clase
de rigor, que tampoco debemos apoyar a ciegas todo
lo antiguo.
1º por que sería un error gravísimo,
y 2" por que aquí también existen
muchas mentiras. No podemos, ni debemos, creer que
todo lo que se a escrito de flamenco es auténtico.
Hay verdaderas barbaridades escritas, mentiras que,
afortunadamente para el propio flamenco, van saliendo
a la luz.
Se
han vertidos grandes ríos de tinta, en su mayoría
plagios de plagios. Versiones adulteradas de artistas
poco conocidos que no veían otro mejor medio
de promoción. Escritores del tres al cuarto
que quisieron hacer su agosto en el enigmático
mundo dei flamenco; consiguiéndolo algunos
de ellos al no poder contrastar, fehacientemente,
lo que divulgaban por falta de estudios serios. Esto
tampoco ha ayudado al acercamiento de la juventud;
todo lo contrario la hemos espantado. A los jóvenes
no se les puedes engañar.
Mucho
se ha hablado de Silverio Franconeti, Manuel Torre,
Tomás Pavón, Mairena etc. Pero, los
que hemos tenido la fortuna de analizar sus discografías,
directa o indirectamente, apreciamos muchas deficiencias.
Cierto es que los medios musicales de los que disponían
no son los mismo de hoy, pero no por ello se deja
de apreciar cuando algo es bueno a malo. Hoy el mundo
de la discografía va por otros derroteros,
se busca el dinero fácil; y, créanme,
el flamenco de estudio no da grandes beneficios, los
menos cubren gastos y los más tienen pérdidas
tan notables que no quieren -y bien que hacen- arriesgarse
a una nueva aventura puesto que va en juego su propio
dinero. Pues imagínense si esto ocurre con
las artistas ya consagrados, que no pasará
con los noveles. Y es que los flamencos solemos gastarnos
poco dinero en discos; más bien nada. Así
nos va.
Como
verán, tampoco hay que creer, a pies juntillas,
todo lo que nos legaron nuestros antepasados. Siempre
ha habido, hay y habrá, gente sin escrúpulos
dañando al flamenco. Pero, los que estamos
en esto por amor al propio arte y no cobramos 800.000
pesetas por tres cuarto de hora de mal cante toque
o baile, debemos cuidar las formas y, sobre todo,
por nuestros valores culturales. Tenemos la obligación,
como guardianes de este reino que somos, velar por
nuestro patrimonio cultural. Y estos pasa, necesariamente,
por el acercamiento de los jóvenes al flamenco.
De lo contrario, en este siglo -recién estrenadito-,
los flamencos estaremos viviendo de recuerdos.
No
lo permitamos
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¿QUÉ
ES EL FLAMENCO?...¿El fin de los puristas?
Este
es el título que encabeza el artículo
firmado por MANOLO CORREA GARCÍA y escrito
en uno de tantos rincones de internet.
El
mensaje del referido articulo es claro y con un objetivo
concreto: Cargarse todo lo que huela a flamenco tradicional.
Y, sino, lean lo que en el vierte el tal Correa.
"¿Qué
es el flamenco? Esta es una pregunta que va camino
de convertirse en retórica si continúa
el abuso que se esta haciendo de ella. Y los abusos
vienen, otra vez, de esa especie de "popes"
del "arte puro", o 10 que es 10 mismo: los
que ya gustan incluso de llamarse a sí mismos
"puristas". Demasiadas comillas para hablar
de algo que, al menos así 10 siento, tiene
una definición bastante clara.
El
problema es que si 10 esencial se convierte en un
tópico interesado, en vez de base para hablar
sobre un tema en concreto, nos perdemos en la polémica,
la anécdota y 10 accesorio. ¿Qué
es el flamenco? Es una pregunta con tantas respuestas
como personas se pronuncien. Nadie, pienso, tiene
en su mano una verdad universal con la que valerse.
En todo caso, y como decía Antonio Machado,
"¿Tu verdad? No, la verdad, y ven conmigo
a buscarla. La tuya guárdatela". El poeta
ponía el dedo en la llaga que los necios jamás
notarán, la de considerar que la verdad es
algo inventado, en ningún caso absoluta y nunca,
nunca con la cualidad de ser impuesta. Esto que lees
no es verdad, sino una opinión que aspira a
ser considerada y luego quizás olvidada. Será
verdad si logro imponerla (cosa que no pretendo),
o si convenimos en su veracidad, pero ni aún
así alcanzará el grado de verdad, tal
y como nos quieren representar la suya los puristas
del flamenco.
El
problema es también que esos popes han mantenido
una posición de poder durante el último
medio siglo, empezando por el mundo del. Han acaparado
los medios de difusión para vender un mensaje
que, a fuerza de no sentirse desplazada por su falta
de visión crítica, la mayoría
ha terminado aceptando como la verdad. "El flamenco
es 10 que es, y punto" ha sido el discurso monótono
que ha quedado como "flamenco puro". Ahora
es momento de volver a plantearse, desde un punto
de vista objetivo, la pregunta esencial para procurar
que se despoje de retórica y todos caigamos
en la cuenta de que, al menos, esos puristas pueden
no estar en 10 cierto.
Peña
Flamenca de Huelva, sábado 27 de febrero de
1999. Una fundación bancaria patrocina 1 actuación
de Pansequito y Aurora Vargas. Podía ser cualquier
otra peña, cualquier otra fundación
y casi cualquier otro artista. El presentador del
acto toma la palabra y no tarda en pontificar acerca
del flamenco.
Al
orador le da lastima que algunos consideren flamencos
a grupos como Navajita Plateá, La Barbería
del Sur o Ketama, por ejemplo. Y se alza de inmediato
en adalid de 10 que él - y el resto de los
puristas- llaman flamenco.
Olvidaba
el orador que el flamenco, ya desde su génesis,
ha sido siempre fusión: de 10 gitano con 10
andaluz (o viceversa, tranquilos todos), de 10 folclórico
con la creación, de 10 antiguo con 10 nuevo.
El flamenco es mestizaje de sangres y músicas.
¿Cómo
nace la guajira si no? Olvidaba que Caracol introdujo
piano en el flamenco, y que Paco de Lucía hizo
10 propio con instrumentos a priori tan lejanos como
el bajo eléctrico, el cajón cubano o
la flauta travesera. Olvidaba también las experiencias
de Manolo Sanlúcar o Enrique Morente con orquesta
clásica... Y así podríamos llevamos
horas, ejemplo tras ejemplo del flamenco hasta llegar
a Navajita Plateá, La Barbería del Sur
o Ketama, que van más del flamenco, pero que
algo de flamenco tienen, sin duda.
Citaba
el orador purista a Raimundo Amador como buen guitarrista
pero mediocre cantaor de flamenco. La contradicción
del purismo ya no puede sostenerse por más
tiempo, se agota en sí misma. ¿Cómo
no va a ser flamenco alguien que canta de esa manera
por bulerías y que -sobre todo- llega a tanta
gente de la forma en que lo hace?
Las
preguntas se agolpan sin respuesta por parte de los
puristas: ¿Es flamenco una soleá con
batería ("Romance del Amargo" de
Camarón de la Isla en "La Leyenda del
tiempo")? ¿O una siguiriya con cajón
("El vaporcito" de Enrique Morente en "Negra
si tú supieras")? ¿O una toná
con letra surrealista ("Poeta de esquinas blandas"
de El Pele en el Lp del mismo nombre)?.. ¡Basta!
Por supuesto que todo eso es flamenco, la etiqueta
la pondrá quien le interese. El debate sobre
lo ortodoxo y lo heterodoxo, lo correcto y lo incorrecto,
lo bueno y lo malo es vano, eso son categorías
que de nada sirven en el flamenco.
Ahora
es momento de que seamos nosotros, los que consideramos
el arte con carácter universal y no localista,
los que recordemos a los puristas qué es el
flamenco, porque esa es un pregunta con respuesta:
pienso que flamenco es toda aquella pieza musical
que, ajustándose a unos determinados aires
rítmicos (tres por cuatro, cuatro por cuatro,
compás de doce o sin compás) se interpreta
al cante, al toque y/o al baile y es considerada por
el auditorio como tal. Para ello se ha de desencadenar
una empatía entre intérprete y receptor,
que reacciona de forma sentimental con una palabra:
"ole". Si alguien no está de acuerdo
puede rebatirlo a través de email. Mi dirección
es: correa@uhu.es . ¿Que no saben qué
es un email? Comprendo, si no entienden el flamenco
como lo que es, cómo van a saber qué
es un correo electrónico.
Ustedes,
los puristas, viven aferrados a un tiempo que no existe,
se creen en una época pasada, y -lo peor de
todo- es que pretenden instalar ahí el flamenco
para siempre. Son deudores del mairenismo, que consideran
la cumbre del flamenco. Bien, supongamos que tienen
razón y que no deberían haber existido
gente como Pepe Marchena, Manolo Caracol, Camarón
de la Isla, Manolo Sanlúcar, Paco de Lucía
o Enrique Morente, por ejemplo. Supongamos que la
evolución se hubiera detenido en Antonio Mairena
¿Qué tendríamos hoy? Un arte
muerto, porque sencillamente, le habría faltado
el oxígeno de la fusión, del mestizaje.
Habría muerto de inanición, sin el alimento
del que se nutrió desde un principio: la simbiosis,
el intercambio, la creación individual, etc.
Señores
puristas, a ustedes me dirijo para decirles que su
modelo se agotó. Gracias a Mairena por recuperar
cantes con afán de enciclopedia sonora. Pero
gracias también a todos aquellos artistas que
provocan un "ole" desde el alma sin ceñirse
a un canon estricto y hacen evolucionar al flamenco.
Gracias a Lole y Manuel, a Jorge Pardo, a Isidro Muñoz,
a Vicente Soto Sordera, a Pepe de Lucía, a
José Miguel Evora, a Salmarina, a Cristina
Hoyos, a CarIes Benavent, a Carmen Linares, a Manolo
Soler y a tantos y tantos nombres que han sacado el
flamenco de la oscuridad de los cuartos.
Caracol
fue criticado por vosotros los puristas, lo mismo
que Camarón, igual que Morente, pero sabed
que en 1a zambra de Caracol hay más flamenco
que en la soleá de muchos cantaores.
El
Paquete, Vicente Amigo, Niña Pastori, Antonio
Canales, Alba Molina, El Negri, Estrella Morente,
Levantito, Chonchi Heredia o el Barrio no son, como
dicen los medios de comunicación, el "nuevo":
flamenco", en eso tienen razón los puristas.
Sabed que creo en todos ellos y en muchos más
como los flamencos de hoy.
Decía
el triste presentador de aquel acto en Huelva: "Y
ahora vamos a escuchar flamenco de verdad, el de Pansequito
y Aurora Vargas. Por cierto ¿Han escuchado
ustedes el disco de ésta última, "Acero
frío"? Flamenco puro ¿Verdad?"
Como
habrán podido comprobar, el articulito no tiene
desperdicios. Descalificaciones, insultos y sandeces
afloran por doquier. Ni que decir tiene, no seré
yo quien intente contrarestar tanto infortunio. Entre
cosas, porque me trae al pairo la opinión que
a este señor les merecemos "los puristas".
Y, por otro lado, como cuando se habla de flamenco
-o de cualquier otro tema. Pero mucho más tratándose
flamenco- debe primar el respeto a la opinión
de los demás y, en este caso, es evidente que
esto no ha ocurrido, no tengo más comentario
que hacer al respecto ni darle ninguna satisfacción
de respuesta.No obstante, he querido reproducir el
articulito en cuestión para que todos aquellos
puristas -que son bastante- que tienen a bien visitar
mi página, se descojone leyendo tantas, digamos
barbaridades.
HASTA
OTRA Y QUE USTEDES LO DISFRUTEN, SEÑORES PURISTAS.
_____________________________________________
LOS
CRITICOS Y TEORICOS DEL FLAMENCO, VIVEN DEL CUENTO
Y SE PERMITEN DAR OPINIONES
Cada
día me sorprenden menos cosas en este bello
y no menos difícil mundo del flamenco. Pero,
a veces, leemos opiniones que nos dejan algo tocado
(a mi si, por supuesto) que son, cuanto menos, merecedoras
de una profunda reflexión: “Los
críticos y teóricos del flamenco, viven
del cuento y se permiten dar opiniones”.
Esta
frase, sacada de un comentario sobre una determinada
grabación del cantaor sevillano Calixto Sánchez,
me ha obligado a sentarme delante de mi teclado para
sacar una lanza en favor de todos esos compañeros
que, con mayor o menor acierto, hacen críticas
y vierten sus comentarios, sin ánimos de lucro,
en diarios y revistas especializadas en el tema.
Muchas son las preguntas que me hago cuando leo este
u otro tipo de comentarios: Pero, una de ella sobresale
de todas como queriendo ser la primera en contestar
a estas y otras desafortunadas aseveraciones.
Existirían
los artistas flamencos (esto vale para cualquier género)
sin la ardua y documentada aportación que hacen
los críticos y comentaristas; sin olvidar los
discutibles errores que, a veces puedan cometer. ¡Claro
que, como los artistas flamencos nunca comenten errores
(artísticamente hablando), pues tampoco suelen
admitir ese tipo de críticas que no les son
favorables!.
El
pasado y ya lejano mágico año 1992,
fue testigo del “PRIMER CONGRESO DE CRÍTICOS
DE ARTE, organizado por la Peña Flamenca de
Jaén durante los días 24 y 25 de octubre.
En aquél congreso se valoraron estas y otras
opiniones qué, partiendo de qué “no
siempre el aficionado tiene razón”
(esta aseveración es sólo amputable
a quién esto firma), transcribiré algunas
frases de los ponentes participantes en aquel primer
y único congreso y que cada cual saque sus
propias conclusiones.
_
Un critico de flamenco debe saber explicar, clasificar
y juzgar lo que está viendo.-Antonio Gurrea
Chalé.
_Para
bien o para mal, somos la más importante parte
de la difusión de lo flamenco.- Miguel Acal
Jiménez.
_La
crítica no tiene por qué ajustarse a
la mentalidad popular.- Manuel Martín Martín.
_La
crítica, pese a ser un riesgo gustosamente
aceptado y mal (o nada, añado
yo) recompensado, con sus inevitables secuelas de
incomprensiones, odios y envidas, la necesita tanto
el artista como el público, y manifestarse
en sentido contrario no sería mas que ceder
a la demagogia.- Manuel Martín Martín.
Por
último quiero traer aquí unas famosas
palabras del malogrado crítico de cine Alfonso
Sánchez: “CALENTANDO BUTACAS”.
Así se forja un buen critico; claro que, algunos,
ni así son capaces de hacer un juicio de valor
al término de una actuación. ¿Será
por eso que vomitan plomo envenenado contra todo crítico
viviente?
_____________________________________________
LAS
LINDEZAS DE JOSÉ MERCÉ
“Con
Camarón empezó el flamenco”
Pues
sí, amigos lectores. Otra más de las
lindezas a las que no tiene acostumbrado el señor
Mercé.
Este disparate lo dijo el cantante (y no digo cantaor,
porque no lo es) en una entrevista publicada en el
diario El País el pasado día 1 del febrero.
“Camarón fue un revolucionario del flamenco,
con él empezó esta música”.
En honor a la verdad tengo que decir que nada, o casi
nada, me sorprende sobre los comentarios vertidos
por este cantante en los distintos medios de comunicación
sociales. Pero éste, el que les comento, ha
pasado todo los límites de la paciencia y tolerancia.
O sea, que yo me entere señor Mercé,
según usted José Monje Cruz “Camarón
de la Isla” fue el que parió el flamenco.
Increíble, aunque partiendo de usted no me
sorprende nada. Pero como diría aquel, se ha
pasado usted cuatro pueblo -yo diría que todos
los de España y parte del extranjero-.
No se que es lo que pretende con tales aseveraciones;
¿tal vez justificar lo injustificable?: ¿la
concesión de la lleva de oro del cante?
“El
flamenco nuevo no existe”
En
qué quedamos. ¿No hay una contradicción
a lo ya comentado?. Desde luego con gente como usted
el flamenco está donde está. Muy popularizado,
eso si. Pero a todas luces devaluado, contaminado,
mezclado, etc. Y lo que es peor, con ningún
viso de retorno a su origen: no donde dice usted que
empezó; sino en aquellos tiempos de Antonio
Chacón, La Niña de los Peines, Juan
Talega, Enrique el Mellizo, Juan Breva, El Canario
y un largo etc. Qué, aunque con ellos tampoco
empezó el flamenco, sí fueron los que
supieron darle a este arte un marchamo de autenticidad
flamenca.
"Los
puritas están pasados de moda"
Este otro comentario no es la primera vez que lo leo.
Lo tiene ya usted muy manido, ¿no crees?. Que
pena me da leer este comentario de un artista que
ha sido flamenco. Y digo bien: ha sido flamenco. Porque
por mucho que se empeñe usted, señor
Mercé, lo que usted hace no es flamenco. Por
eso le califiqué al principio de mi artículo
como cantante y no como cantaor; entre otras cosas
porque para ser cantaor hay que cantar flamenco. Llámese
flamenco a una soleá, seguiriya, toná,
tientos o fandangos (por citar algunos). Y no esa
música que usted hace y qué, los John
Lennonn, Frank Sinatra y Bruce Springstee han influido
en usted –según dice usted en la entrevista-.
Muy flamenco estos artistas si señor.
En
fin para que seguir con este tema. Si al final tendremos
más de lo mismo. Lo que me extraña,
es que aún (que yo sepa) nadie: críticos,
cantaores, flamencólogos y todos aquellos que
defiende al arte flamenco como lo que es, no hayan
salido al paso y contrarrestar estas y otras lindezas
a las que nos tiene acostumbrado el cantante José
Mercé.
Aunque ahora que recuerdo, sí que he leído
a uno que ha sacado una lanza en favor de los puritas;
y ese no es otro que Jesé Meneses: “No
hay nada en la fusión del flamenco que valga
una peseta”. Desde luego absolutamente nada,
añado yo.
_____________________________________________
Una
tormenta en un vaso de agua
Yo
pensaba que, en este país llamado España,
había libertad de expresión, y que ésta,
no es patrimonio de unos pocos, sino de todo aquel
que quiera exponer, exteriorizar, publicar, etc.,
su punto de vista, acuerdo, desacuerdo, disensión,
disconformidad, etc. Que iluso soy: todavía
no me he enterado que, a pesar de tener democracia
en esta España mía, sólo pueden
escribir los profesionales de los medios de comunicación
social: Editores, redactores, diaristas, articulistas,
y todos aquellos que viven de su pluma. Claro que,
esto, es lo que se creen unos pocos –afortunadamente-.
Y que yo sepa (y si lo ignoro me da lo mismo), cualquier
persona tiene el derecho de opinar, públicamente,
lo que le venga en gana. Eso si, con respeto y sin
ofender ni insultar a nadie (como este no es mi caso
sigo con mi comentario).
Centrándonos ya en el tema en cuestión,
debo decir que mi artículo sobre el nombramiento
de José Luis Ortiz Nuevo como director de la
bienal malagueña ha despertado mucho interés.
Y la verdad no entiendo el por qué. Simplemente
ha sido un comentario más. Eso si, expuesto
públicamente; que es, al fin y al cabo, lo
que piensan una gran mayoría de escritores,
flamencólogos, etc. que residen y trabajan
todo el año por mantener viva la llama flamenca
en la provincia de Málaga.
Hasta el día de hoy he recibido muchos mensajes
a favor de mi comentario y dos en desacuerdo. Pues
bien, como para gustos existen los colores, veamos
algunos comentarios que me hacen en esas misivas.
Me dicen que el señor Ortiz es malagueño
(de Archidona) y no sevillano como refiero en mi artículo.
Debo aclarar que yo sí sabía la ciudad
de nacimiento de D. José Luis. Y al decir:
“un sevillano” no me refería, ni
daba por hecho, que este señor fuera sevillano
de nacimiento. Sino que, según mis informes,
este señor reside desde hace muchos años
en Sevilla; y, como para quién esto firma,
no se es de donde se nace sino donde se reside, he
situado la residencia de este caballero en la preciosa
ciudad de Sevilla. De todas formas no creo que eso
tenga la menor importancia. Simplemente ha sido un
error de interpretación, posiblemente maliciosa.
No obstante, si ello pudiera degenerar en un gran
problema nacional para sevillanos y/o malagueños,
pido las correspondientes disculpas.
Algunos me dan las gracias por sacar una lanza en
favor de los críticos, flamencólogos,
etc., residentes en Málaga. Pues, nuevamente,
están en un error; craso error. Yo no he defendido
a nadie (ya son mayorcitos para defenderse ellos solos),
simplemente me he limitado a decir: “que los
responsables culturales de la Diputación de
Málaga han debido pensar, supongo, que aquí,
en Málaga, no hay gente (residente) cualificada
para llevar a buen puerto esa nave folklórica-cultural.
Pero, si también esto ha sido interpretado
erróneamente, lo siento; pero esa no ha sido
mi intención.
Parece ser, por lo leído en un mensaje, que
sólo Sevilla tiene el derecho a ser BIENAL
DE FLAMENCO. Pues bien, yo tenía entendido
que “bienal” es:
1.
adj. Que sucede o se repite cada dos años:
un proceso bienal. También s.
2. Que dura un bienio: su contrato es bienal.
3. f. Exposición o manifestación artística
o cultural que se repite cada dos años.
Esto
es lo que refiere el diccionario de la Real Academia
de la Lengua. Si también estoy en un error,
tendrán que pedirles explicaciones a los señores
de la Real Academia. Pero como creo que estoy en lo
cierto, seguiré llamando benial de flamenco
a cualquier evento de este tipo que se celebre cada
dos años. Por lo que, también en este
comentario veo malicia. Pero como no es mi problema:
que cada palo aguante su vela.
Por último, y dado que no quiero extenderme
más en todo este asunto, diré que mi
frase: “no es santo de mi devoción”,
tampoco ha sido bien interpretada. Como persona, el
señor Ortiz Nuevo, me merece todos los respetos
habidos y por haber; igual que cualquier ser vivo
de este planeta. Pero en lo que no estoy de acuerdo
con él, es en su forma de ver y entender el
flamenco. No me gusta como escribe, ni sus conferencias,
ni sus montajes artísticos. Y a eso es a lo
que me refería. Por tanto, una vez más,
se ha manipulado, maliciosamente, mis comentarios.
Tiempo habrá de analizar la labor que desarrollará
el señor Ortiz Nuevo en la próxima benial
de flamenco en Málaga. Y, no le quepa la menor
duda a nadie, que si ésta es favorable para
Málaga y el flamenco, no me dolerá en
prenda felicitarle en este medio. Pero tampoco sellarán
mis labios, en este caso el teclado, para escribir
que no ha sido buena si así me lo pareciere.
En cuanto a artículos como el mío “hacen
daño al flamenco”. No se si reír
o llorar. Pero, de esto, ya escribiré mas adelante.
Sólo me resta, nuevamente, desearle al señor
Ortiz Nuevo y a su equipo toda la suerte del mundo
para que Málaga tenga un buen nombre en el
mundo del flamenco, pese a quién le pese (que
no son pocos).
Con esto termino, no más réplicas ni
contrarréplicas. Y aquel que quiera polemizar,
se ha equivocado de puerta.
_____________________________________________
UNA
REFLEXIÓN CRÍTICA SOBRE LA CRÍTICA
FLAMENCA
Hacer
una reflexión sobre la crítica flamenca
no es nada fácil. Máxime teniendo en
cuenta que, quien esto firma, forma parte de ese colectivo
que acepta, gustosamente, un cierto riesgo, generalmente
poco o nada recompensado arrastrando tras de sí
incomprensiones, envidias, odios, rencores, etc.
Críticos, como en cualquier otra profesión,
los hay buenos y malos -no confundir el crítico
malo con el mal crítico-. No obstante estos
últimos no deben preocupar a los aficionados
dada su condición de ignorantes; sino aquellos
otros que fomentan, sin escrúpulos, el compadreo,
amiguismo y, sobre todo, y por encima de todo, el
servilismo a un determinado colectivo de artistas.
Así como el buen crítico se hace en
base a un completo estudio: "calentando butacas",
como dejó dicho en su día el crítico
de cine Alfonso Sánchez, el mal crítico
es un producto elaborado por los M.C.S. a los que,
en su mayoría, les importan bien poco el Arte
Flamenco. Pero, como generalmente estos pésimos
críticos infravaloran su trabajo -como no podía
ser de otra manera- los directivos aceptan sus artículos
para rellenar páginas o espacios radiofónicos
sin costo alguno; no siendo conscientes, supongo,
del daño que, a través de sus respectivos
medios, le están haciendo al Arte Flamenco.
Si no ¿cómo se explica la siguiente
referencia aparecida no hace mucho en un periódico?.
"la bulería no tiene medida". Por
citar solo un ejemplo.
Otro de los males que tiene que soportar la crítica
flamenca es la mala fe de los artistas. Ciertamente
no son todos, pero sí una gran mayoría.
Cuando se hace una mala crítica: entiéndase
por mala crítica un análisis imparcial
pero que no satisface al artista en cuestión.
Entonces somos sometidos a todo tipo de descalificaciones.
¿Es que la crítica nunca se equivoca?
Sin duda, le respondería; pero al igual que
el crítico debe estar preparado para poder
demostrar lo que dice, el artista puede y debe -faltaría
más- revocar, con argumentos sólidos,
quién está en posesión de la
verdad.
Mención aparte merece ese porcentaje que con
una pluma o micrófono, según su caso,
sólo difunden cursilerías adornadas
con bonitas y rebuscadas frases buscando su propio
lucimiento sin importarles el fin último de
la crítica. Claro que ellos no son los culpables
directos de esas "crónicas rosas",
si no los responsables de los medios que le dan cobijo.
Pocos, muy pocos M.C.S. son los que mantienen en sus
nóminas entendidos en la materia. ¡Así
nos va a todos!.
Respecto a la "corrupción flamenca"
dentro de la crítica- se suele hablar mucho
sin llegar a demostrar realmente si ella existe. Pero,
lo que a nadie escapa, al menos para los que estamos
inmersos en este mundillo, es que existe un nutrido
grupo de críticos que escriben más con
el corazón -cuando de amigos se trata- que
con la cabeza. Como tampoco podemos, ni debemos, aprobar
a esos otros que, impulsados por desavenencias con
artistas, empresarios, organizadores, etc., machaquen
sin escrúpulos -incluso con insultos- a fulanito
o menganito.
Siempre he dicho, porque así lo pienso, que
el primer y mejor crítico es el propio artista.
Pero nunca un cualificado mediador, por razones obvias,
entre su arte y el respetable. He conocido a muchos
profesionales que no han tenido reparos en reconocer
y admitir sus errores; hecho que, sin duda, los valora
positivamente. ¿Pero, y esos otros que no admiten
que nadie les corrija lanzándose por el siempre
resbaladizo tobogán de las descalificaciones
hacia el escribidor de turno? Claro que, afortunadamente,
estos últimos suelen ser los más mediocres
y poco o nada profesionales.
Por último quiero exponer lo que, a mi forma
de ver y entender, debe y no debe ser un crítico
de Arte Flamenco.
UN
CRÍTICO DE ARTE FLAMENCO DEBE SER
*Un mero mediador entre el artista y el público
*Tener presente que, sus críticas, son un arma
muy poderosa y, por tanto, debe saber hacer un buen
uso de ellas; sin que tal condición le mediatice.
*Que posea una función educadora que, según
sus conocimientos, marcará a los neófitos
que por primera vez se acerquen al Flamenco
*Honrado consigo mismo y escribir o hablar, en su
caso, lo que le dicte su conciencia. Pero nunca pensando
en la amistad que pueda o no existir con el artista.
*Ser firme en su criterio y saber defenderse, con
argumentos sólidos, ante posibles contraataques.
*A reconocer, públicamente, sus errores llegado
el momento.
UN
CRÍTICO DE ARTE FLAMENCO NO DEBE SER
Un
publicista al servicio del artista.
_____________________________________________
¿Existe
la “Soleá de Vélez”?
He
tenido la suerte de ser invitado a las sesiones de
estudios flamencos que la Peña Flamenca “Juan
Breva” organiza cada martes, a las nueve de
la noche.
La primera charla-conferencia, a cargo de Pablo Franco,
giró en torno a la soleá apolá.
El ponente no se limitó, como casi siempre
ocurre, a leer unos folios preparados a tal fin; sino
que, a medida que teorizaba sobre la génesis
de dicha soleá, sus influjos, su paulatina
transformación que ha ido adquiriendo a lo
largo de los años y, cómo no, el cantaor
que hizo posible disfrutar de un estilo de soleá
tan difícil y bello al mismo tiempo, fue ilustrando
su dictamen con ejemplos sonoros que venían
a testificar cuanto iba comentando.
El objetivo que perseguía Pablo Franco: abrir
una vía de investigación sobre la cada
vez más mencionada “Soleá de Vélez”,
no es una utopía; ni mucho menos. Queda mucho
camino por recorrer para llegar, algún día,
a poner a ese estilo de soleá un marchamo de
autenticidad malagueño. Pero, a qué
engañarnos, para ello hay que ir derribando
dogmas, en su mayoría basados en el chovinismo
puro, que sentaron cátedra aquellos escritores
(desconocían, en su mayoría el flamenco)
que se dejaron aconsejar por sectores partidistas
(los menos) y un colectivo bien definido (los más).
Desconozco si el tiempo que invertirá Pablo
Franco en este arduo trabajo será recompensado.
Pero sea como fuere, la brecha que ha abierto en esa
muralla llamada investigación flamenca, es
muy significativa y no exenta de credibilidad.
Demos tiempo al tiempo. Y, como dice Pablo, “esto
es sólo el inicio de una investigación.
Sólo el tiempo nos dirá si tenemos o
no razón”.
_____________________________________________
El
flamenco tradicional tiene cada vez menos adeptos
Posiblemente
haya gente que me tilde de pesimista, melancólico,
afligido, etc. al leer algunos de mis artículos
en defensa del ARTE FLAMENCO TRADICIONAL.
Pues sí, miren ustedes; es totalmente cierto.
Eso es lo que me ocurre cuando asisto a un evento
flamenco y veo el aforo del local, teatro, auditórium,
etc.
El pasado día 7 de julio se celebraba, en Mijas
(Málaga), la final del V Concurso Nacional
de Arte Flamenco “Villa de Mijas” dedicado
al baile.
Pena, tristeza, rebeldía y mucha impotencia
corrían por cada centímetro de mis arterias
al ver el aforo del Auditórium de Mijas: unas
doscientas personas para un aforo de mil.
Quién no estuviera allí, podría
pensar que lo que ofrecía la organización
no merecía la pena como para desplazarse hasta
ese bello pueblo de Mijas. Pues no señores,
todo lo contrario.
Admito -pero no lo acepto ni comparto- que los finalistas:
Melisa Calero y Hugo López, ambas jóvenes
y futuras promesas del baile cordobés, no fueran
primeras figuras del baile y, por ello, restara interés
al aficionado. Pero, ¿qué me dicen de
la artista invitada?. ¿No es primera figura
del cante?.
Elu de Jerez, cantaora larga y sobrada de compás,
fue la artista elegida por los responsables de las
peñas flamencas “Unión del Cante”
y “El gallo” para amenizar el vacío
que siempre queda cuando los componentes del jurado
se retiran a deliberar.
Cuando la jerezana subió al escenario, conté
un centenar (siendo muy benévolo) de personas.
Y ahí empezó el éxodo.
Elu de Jerez inició su actuación por
cantiñas, siguió con cantes mineros,
tangos, fandangos y terminó por bulería.
No voy a hacer ninguna crítica sobre el arte,
mucho arte, que derramó por el escenario esta
jerezana. Entre otras cosas porque no es el objetivo
de este comentario. Pero no puedo ni debo silenciar
–mi conciencia no me lo permite- la falta de
respeto del público: al tercer cante de Elu,
un nutrido número de personas empezaron a desfilar
hacia la salida del auditórium; quedando una
veintena de aficionados. ¡Pudieron, y debieron
haber esperado que terminase el cante!
Sinceramente no lo entiendo. Como tampoco lo entendían
los organizadores que, amargamente, comentaban la
negativa actitud del respetable (¿?).
Cuanto trabajo ignorado. Cuantos sinsabores acumulados.
Cuantas horas de dedicación. Y todo ¿para
qué?. Para nada. Bueno sí: para tener
la conciencia limpia y el sentimiento del deber cumplido.
Espero, y deseo, que los responsables culturales del
Ayuntamiento de Mijas, allí presentes, no tomen
represalias para el próximo año. Quizá
sea el momento de buscar un nuevo enclave, una nueva
oferta cultural flamenca, pero nunca tirar la toalla.
Más que nada, por los peñistas y, sobre
todo, por la comisión encargada de llevar a
cabo el evento. A estos aficionados, sin ánimo
de lucro, sólo les mueve un sentimiento común:
LA DEFENSA DEL FLAMENCO TRADICIONAL.
_____________________________________________
La
música flamenca. Una reflexión terapéutica.
Comúnmente,
se entienden las pasiones como sentimientos de una
gran intensidad, con un carácter incontrolable
en su mayor magnitud que, dependiendo de la actividad
en la que recaiga, puede constituir una labor beneficiosa
o perjudicial para la persona. Y es que, de la genialidad
a la locura hay, tan solo un paso.
“Los extremos nunca son buenos” –más
bien… in medio virtus-, solían afirmar
personas que se han interesado en mi desarrollo intelectual
y social. No obstante, el extremo trabajo suele desembocar
en logros insospechados. Donde se encuentra el término
medio reside la base de la inteligencia emocional.
El dilema se presenta en el descubrimiento de tal
punto sin que nuestras aspiraciones o nuestros deseos
hagan estragos en nosotros desestabilizando aspectos
sumamente importantes, como son las relaciones interpersonales,
ya sea a nivel conyugal, familiar, fraternal, laboral,
etc.
La persona que posee un alto nivel de inteligencia
emocional disfruta de estabilidad en todos los ámbitos
de su vida; sabe y aprende a afrontar los avatares
de la vida y, basada en una finalidad de interés
supremo propio, justifica su negación pasional
egocéntrica por una meta, proyecto o logro
que se consigue a través del tesón y
trabajo. Esto me lleva a reflexionar que las cosas
que de verdad merecen la pena no son recompensas momentáneas
y banales, sino vivencias que elevan al ser humano
a la categoría de ser racional guiado por la
ética.
"El genio se compone del dos por ciento de talento
y del noventa y ocho por ciento de perseverante aplicación."
Beethoven (1770 – 1827). La visión de
Beethoven, uno de los mayores genios con los que cuenta
la historia de la música, puede acercarnos
a la idea que pretendo expresar.
Por otra parte, la música siempre ha sido un
referente básico en la canalización
y expresión sentimental del ser humano. La
gran mayoría de las civilizaciones cuentan
con aspectos musicales dentro de su configuración
cultural. Tal es el punto al que llegamos que, no
en pocas ocasiones, se utiliza para elevar el estado
anímico conforme a la situación en la
que nos encontramos. Existe música para la
alegría y el llanto, para la euforia y para
las lamentaciones, para acontecimientos religiosos
y para los profanos,… La influencia se hace
notoria en nuestro interior evocando emociones, las
cuales, si entran en una magnitud desbordada, pueden
ocasionarnos algunos problemas.
Todos conocemos hoy la existencia de sustancias tóxicas
legales e ilegales, en cualquier caso, legitimadas
por cierto sector social. El uso de las mismas suele
representar parte importante para la diversión
de este sector, pero las consecuencias que ocasionan
no suelen ser tan solamente perjudiciales para la
salud. Me estoy refiriendo a que, no en pocos casos,
la vida afectiva y social se ven depravadas por la
manifestación de una personalidad irreal e
ilusa, provocada por sustancias que alteran el organismo.
Con ello, llego a plantearme que, por el mero hecho
de lograr un estado emocional irreal a corto plazo,
se sacrifican y destruyen elementos tan importantes
como son la configuración de valores y preferencias
de una persona: familia, trabajo, amistades y otros
ámbitos. Hablando claro: la droga hace estragos.
Los efectos ocasionados pueden llevar a la interpretación
del organismo del contacto con estímulos más
intensos y variados. Siempre en un mundo inexistente,
la música actúa acentuando estos efectos.
Pero dejando un poco de lado esta temática
que jamás perderé de vista, el tema
pasional constituye el elemento clave de interés,
el cual, en términos desmedidos, acaba acarreando
la inestabilidad emocional, la pérdida del
autocontrol y situación individual en la que
existe el único interés de complacer
tal deseo.
El flamenco, como suelo manifestar, es una rica fuente
de estímulos que hace evocar a la persona emociones,
sentimientos e, incluso, pasiones. Recoge, en toda
su categoría, los fenómenos sociales
que afectan a la humanidad, suscita y posibilita la
identificación fraternal y, entre otras muchas
vertientes que posee, es capaz de influir en la motivación,
el autoconcepto – concepción de la propia
persona – y el desarrollo de una sensibilidad
especial de las personas que entran en contacto con
él directamente –al igual que algunos
otros estilos de música-. Desgraciadamente,
por el juicio pasional, se acaban entablando conflictos
injustificados favorecedores del deterioro de las
relaciones humanas. Del mismo modo, unido a viejos
mitos que perpetúan la diferencia entre estatus
sociales y un estilo de personalidad “bohemio”
malentendido, es capaz de basar su repercusión
en otros ámbitos de la vida. En estos aspectos
entra la pasión en su significado más
puro. Del griego pathos, – conmoción
fisiológica o trastornos – es definido
por la Real Academia de la Lengua como la acción
de padecer. Algo como la música, y de modo
especial la flamenca, que puede ser una perfecta terapia
para conseguir nuestra estabilidad emocional, aunque
– y es cierto – pueda ocasionarnos problemas
cuando se llega a la pasión. Es entonces cuando
llegamos al extremo del que se citaba al principio,
constituyendo una prioridad insustituible que se retroalimenta
de una única intención, esto es, seguir
manteniendo tal pasión. El resultado de esta
situación suele desembocar en el aislamiento,
obsesión, y otros factores que potencian el
egocentrismo más puro.
Ante esta situación, sólo cabe destacar
los recursos existentes: el discernimiento, la capacidad
de obrar el bien, nuestra forma de estimularnos y
de vivir dependen de las decisiones que tomemos. Ser
inteligente, emocionalmente hablando, depende de la
relevancia que le demos a ello en nuestra vida y,
cómo no, en el flamenco. Lógicamente,
la música flamenca puede aportarnos aspectos
positivos, libre de perjuicios, reconduciendo nuestra
actividad cognitiva hacia un estado mejor. Todo depende
de cómo lo llevemos a cabo. Puede mejorar nuestro
estado de ánimo, facilitar la comunicación
por diferentes vías de expresión, estimular
nuestra mente, potenciar el aprendizaje y generar
un sin fin más de beneficios casi incontables.
Lejos de las pasiones y extremos que avivan viejos
mitos nocivos para la persona, se puede afirmar que
el flamenco se convierte en un verdadero y auténtico
recurso musicoterapéutico.
Daniel Mora,
Guitarrista y Licenciado en Pedagogía (UMA)
__________________________________________
¿El
nuevo modelo de festivales que pretende la Diputación
de Málaga acabará con los macrocontratos?
La
Diputación de Málaga nos vuelve a sorprender
–gratamente- con una nueva iniciativa flamenca:
Modernizar los festivales.
Ni
que decir tiene, para quien esto firma, la noticia
es cuanto menos alentadora. Esto es, precisamente
–con ciertos matices-, lo que he venido demandando
durante muchos años.
La aparición de los festivales, a finales de
los años 50, cuyo principal objetivo era difundir
el arte andaluz, llegó a tener tal auge, que
raro era no encontrar algún que otro festival
en todos y cada uno de los pueblos andaluces; por
muy pequeños que éstos fueran. Hoy,
casi medio siglo después, la diputación
malagueña busca un nuevo objetivo: la difusión
del folklore malagueño.
Para ello, el presidente, Señor Pendón,
ha reunido a organizadores de festivales dependientes
de los distintos ayuntamientos de toda la comarca
para que juntos, terminen con los maratonianos festivales.
Pero no queda ahí la propuesta del presidente,
sino que pone como condición irrefutable, para
recibir la correspondiente subvención, incluir
una panda de verdiales encargada de abrir el telón
del festival.
No veo mal la idea –imposición-, sobre
todo cuando se trata de fertilizar el folklore autóctono
de esta región andaluza. Pero, entonces, habrá
que cambiar el etiquetado. Ya no podrá llamarse
FESTIVAL FLAMENCO. Porque, los verdiales, los que
cantan las pandas, no es flamenco.
En cuanto a la inclusión de un cantaor/a malagueño,
estoy totalmente de acuerdo. Por lo general se abusa,
en demasía, contratando artistas foráneos
que, salvo contadas ocasiones, no cumplen con los
objetivos deseados; obstaculizando así la contratación
de artistas lugareños.
También estoy en total acuerdo con la estructura
del festival, en cuanto a cantaores se refiere: un
máximo de cuatro. Pero no lo estoy al imponer
que, el baile, esté representado sólo
por artistas malagueños. Una cosa es que se
quiera proyectar a nuestros artistas, lo cual considero
necesario, y otra bien distinta es que se vete, constantemente,
la presencia de bailaores/as allende nuestras fronteras.
Referente a las cuantías a subvencionar por
la diputación, se me antoja, cuando menos,
insuficientes. 4.000 €, 3.000 €, 2.000 €
y 1.000 €; dependiendo de la categoría
del festival. Si tenemos en cuenta que, un solo artista
llega a cobrar la desorbitante y escalofriante cantidad
de 6.000 € –y más-, la subvención
se quedaría cortita. Aunque, mirándolo
con la lupa de la buena voluntad, éste podría
ser el principio del fin de los macrocontratos de
la gran mayoría de los artistas flamencos.
Pero, conociendo el percal artístico y organizativo
de los festivales flamencos, los aficionados seguirán
viendo las populares figuras y escuchando poquito
cante.
Así las cosas, estamos ante una iniciativa
positiva y necesaria que, puliendo algunos de los
matices expuestos, pudiéramos estar hablando
de un nuevo modelo de festivales. ¿Será
éste, el modelo, que anhelamos los flamencos?.
_____________________________
BALANCE-REFLEXIÓN
DEL AÑO 2006
Un
balance, en este caso referente al arte flamenco,
debiera ser un fiel reflejo de todas y cada una de
las actividades habidas durante el transcurso de un
año natural.
Quien esto firma no pretende ofrecerles a ustedes
un catálogo exhaustivo de cuanto ha ocurrido
durante el año 2006. Entre otras cosas, porque
serian inagotables las referencias de premios, reconocimientos,
discos, libros, festivales, peñas flamencas,
etc. Y, además, muchas de estas noticias no
tienen, a mi modo de entender el flamenco, cabida
–por razones obvias- en mi página Web.
Los premios, salvo honrosas excepciones, han sido
dados mirando más los nombres y personas que
por la calidad de sus intérpretes. Algo, por
otra parte, muy habitual en el mundo del flamenco.
Seleccionar un buen trabajo discográfico, entre
los muchos editados durante el año es, cuanto
menos, una odisea. La mayoría de ellos están
cortados por el mismo patrón: muchos arreglos
musicales para hacerlos más vendibles; pero
de flamenco na de na.
La literatura flamenca siempre ha sido, y seguirá
siendo, el cajón de sastre del arte flamenco.
El 90% de los escritores impregnan las páginas
de sus libros con aseveraciones carentes de total
veracidad. La mayoría de los literatos se plagian
unos a otros sin aportar nada nuevo. Mientras, la
historia flamenca, sigue en pañales: vulnerable
a tantos desaprensivos escribidores.
La gallina de los huevos de oro de los artistas está
en decadencia, es decir: los festivales flamencos.
Éstos siguen –salvo contadísimas
excepciones- con la misma estructura desde su aparición
a finales de los años cincuenta. Los organizadores
son incompetentes y/o poco o nada valientes como para
atajar el problema en su raíz. Y, mientras,
los artistas, aquellos que sólo viven de sus
recuerdos, junto a teloneros de turno hacen su agosto.
Las peñas flamencas que nacieron todas con
el firme propósito de apoyar, difundir y engrandecer
el arte flamenco, están tocando –salvo
unas cuantas- fondo. Muchas de ellas, la gran mayoría,
se están olvidando del motivo principal de
su fundación. Cierto es que, ni los responsables
culturales de los distintos estamentos oficiales,
medios de comunicaciones, críticos, flamencólogos
y artistas en general, ayudan mucho para evitar que
los templos flamencos sigan siendo lugar de encuentro
de aficionados flamencos. Por eso, estoy convencido,
desparecen más asociaciones culturales flamencas
que nacen.
Los medios de comunicación social, en su mayoría,
dejan mucho que desear en cuanto a la atención
que prestan al flamenco. La gran mayoría de
informadores –que no críticos- que figuran
como redactores no están cualificados. Los
auténticos críticos –que pocos
quedan- no interesan porque, entre otras cosas, hay
que pagarles. ¿Será la recién
creada “Asociación de Periodistas Especializados
en Flamenco” capaz de poner fin a tanto despropósito.
El tiempo lo dirá; pero, si ocurre lo mismo
que con la Asociación Nacional de Críticos
de Arte Flamenco, apañados vamos.
No
quisiera terminar esta reflexión, a modo de
balance, sin mencionar a los artistas: los únicos
que saben de cante, según ellos. A este colectivo,
sobre todo a los jóvenes, les sugiero que lean
y escuchen a los sabios del cante. A los que dieron
su vida, por unas míseras pesetas, en pro del
flamenco. Que antes de exigir suculentos contratos,
aprendan a cantar. Que con veintitantos años
no pretendan ser figura del cante, toque o baile:
en esta profesión no se termina nunca de aprender.
Y sobre todo, y por encima de todo, copien la humildad
de los que fueron auténticas figuras del arte
flamenco: de prepotentes estamos sobrados en este
bello y no menos difícil mundo del flamenco.
Como
habrá comprobado el lector, si ha tenido la
paciencia de llegar hasta aquí, este balance-reflexión-
sólo recoge lo que, a juicio de quien esto
firma, siguen siendo las asignaturas pendientes del
flamenco. Por supuesto que ha habido cosas positivas;
ni que decir tiene. Pero éstas ya las conocen
todos los aficionados; y las negativas también.
Pero, como siempre obviamos, o hacemos oídos
sordos a lo que no funciona, nunca viene mal que alguien
recuerde –como en este caso ocurre- lo que hay
que cambiar para no caer en los mismos errores un
año más.
Para
finalizar, y ahora sí, quiero expresar mi deseo
para este año que acaba de nacer:
Que todos los que nos dedicamos a esto del flamenco,
entiéndase artistas, escritores, críticos,
flamencólogos, aficionados, promotores, productores,
patrocinadores, organizadores y responsables de eventos
y certámenes en general, que cada uno cumpla
con su misión. Si esto se consigue, utopía
sin duda alguna, el arte flamenco ocupará el
lugar que, por derecho, le pertenece. Mientras tanto,
seguiremos demandándolo. Que así sea.
José
Ramón Zapata
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