| La
hipocresía flamenca llega a Internet
Pues
sí señores, así es. Internet es
un escaparate mundial maravilloso; donde todo tiene
cabida. Y el arte flamenco, transformado hoy día
en “basura flamenca” por tantos vividores:
críticos, flamencólogos, productores,
etc. con las lógicas excepciones –por cierto,
que pocas son- ha encontrado en este tipo de vitrina
un filón de oro.
Cada vez son más los portales que se cuelgan
en la red –el 99% buscando descaradamente el vil
metal-. Y eso que, en principio, debería ser
bueno para el arte en su trilogía: cante, toque
y baile, está repercutiendo negativamente en
la pureza de nuestra música flamenca.
Sólo tenemos que darnos una vueltecita por las
distintas revistas flamencas (¿?) que inundan
el ciberespacio para darnos cuenta de cómo está
el panorama. Mucha información, secciones de
ventas y algunas críticas (¿?) configuran
la estructura de la gran mayoría de este tipo
de publicaciones.
Vaya por delante que no tengo nada en contra –ni
a favor tampoco- de esta forma de vender el producto
flamenco. Cada cual es libre de hacer lo que le vengan
en ganas; eso sí, siempre que se respete el producto
sin adulterarlo. Claro que, esto, es un fiel reflejo
de lo que está ocurriendo con casi la totalidad
de las publicaciones impresas que, salvo un par de ellas,
también buscan ingresar dividendos sin importarles
el fin último: la defensa de Arte Flamenco.
Cuando leo algunas críticas, sobre los distintos
lanzamientos discográficos que aparecen a lo
largo del año, además de quedarme perplejo
por lo leído, automáticamente me hago
un examen de conciencia: ¿para qué me
ha servido el tiempo que he empleado en escuchar –miles
de horas- a los maestros del cante y del toque?. ¿Cómo
es posible que se echen tantas flores a esos artistas
mediocres que no conocen el cante; amén de desafinar
e irse de compás una vez sí y la otra
también?
Pues miren, ahora que lo pienso, tantas horas de estudio
–perdón, no recordaba que el flamenco no
se estudia; es un don que te manda Papa Noel- sí
que me han servido para algo: para seguir viendo, cada
vez más claro, la mucha basura que se le está
echando al flamenco. Para demandar, cada vez con más
fuerza, una asociación de críticos que
no admita en su seno, a tantos ignorantes maliciosos
y sin escrúpulos.
Quizás, no lo se, esa asociación de periodistas
flamencos que acaba de nacer pueda poner a cada uno
en su sitio: los que saben lo que escriben en una parte,
y los que también saben lo que escriben –pero
con fines distintos- en la otra. Ardua tarea sin duda;
máxime si tenemos en cuenta que la admisión
en dicha sociedad no está aún clara. ¿O
sí?.
Y volviendo al tema de Internet, y desde la autoridad
que me otorga los quince años de experiencia
haciendo críticas a través de esta mí
Web, sugiero a estos señores -ellos saben a quién
me dirijo- respeten a los que nos dedicamos a escribir
de flamenco defendiendo la pureza del flamenco. Que
nunca me he vendido –ni me voy a vender- al mejor
postor. Que me es indiferente que las casas discográficas
me envíen o no sus publicaciones para escribir
bien de ellos; seguiré comprando los discos –libros
también- como he hecho siempre. Que seguiré
llamando por su nombre a todo lo que apeste en el flamenco.
Que, en definitiva, seguiré escribiendo lo que
me venga en ganas respetando siempre a la persona.
Para terminar este artículo de opinión,
quiero agradecer a tantos aficionados que me han seguido
a lo largo de estos quince años asomado a la
red, su fidelidad para conmigo. Que pueden dormir tranquilos
que nunca les defraudaré. Que mis artículos
no van dirigidos a los artistas buscando su agradecimiento,
si no encaminados a contarles la verdad: mi verdad.
Y por último, ahora si, gracias a los más
de cien mil visitantes –no está mal para
ser una Web tan humilde y sin apoyo económico-
que han tenido a bien asomarse a esta revista virtual
flamenca. ¡Gracias amigos en el flamenco por estar
ahí!
José Ramón Zapata
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