RAFAEL
EL NEGRO / Bailaor
El
color moreno del duende
MANUEL
MARTÍN MARTÍN
Triana está de luto. A las seis de la mañana,
en el Hospital Infanta Luisa, de Sevilla, se despidió
a los 74 años de edad el legatario de sus duendes:
Rafael García Rodríguez, ‘El Negro’,
bailaor irrepetible que, aun estando en la cuna amarga
del último naranjo de esta Cuaresma, sabía
que sólo la larga enfermedad que padecía
podía acabar con él.
Pero su baile no ha muerto. Su mujer, la gran maestra
Matilde Coral, y sus hijos, Rafael, Rocío y
María, pueden mostrarse orgullosos porque en
la historia del flamenco figura con letras de oro
este trianero de la calle Pagés del Corro,
Rafael el Negro, que nacido el 22 de abril de 1935
y con el seudónimo que le pusiera Jesús
Antonio Pulpón, aportó al género
la elegancia y majestad de su barrio, pero también
la fuerza de su estirpe.
Pulcritud en la presencia, sobriedad en la puesta
en escena, unos brazos irrepetibles y unos movimientos
capaces de situarnos ante las más brillantes
imágenes, eran las credenciales de este pedazo
de gitano que ya de por siempre supone la expresión
mágica y retrospectiva de una Triana que nos
enamora pero que se siente indefensa ante el paso
del tiempo.
Rafael, gitano titulado como relator del duende trianero,
es ya el último embajador de una estética
capaz de generar en el quiebro natural de una bulería
la mayor felicidad dramática. Sin más
aprendizaje que lo amamantado de su madre, la cantaora
María de los Santos Rodríguez Serrano,
y lo vivido en las fiestas de su barrio, debutó
como profesional a los 16 años de edad, y desde
entonces ya no encontró quien se le comparara
bailando a lo gitano. Bueno, o sí: su íntimo
amigo Farruco por soleá.
Hacia 1954 Rafael, cargado además de arte grande
de una humildad y sencillez que acojonaban, pasó
al Cortijo El Guajiro, el mítico tablao sevillano
recién inaugurado, donde conoció a la
bailaora Matilde Coral, la ilustre señora de
Andalucía con la que contrajo matrimonio el
16 de diciembre de 1957 en la trianera iglesia de
la O, con lo que su vida profesional ya se hizo indisoluble
de la sentimental y paralela a la de su esposa.
El año 1958 marchó el matrimonio a Madrid,
donde figuró en Zambra, junto a Rosa Durán,
y luego en El Duende, tablao en el que estuvieron
hasta 1961 rivalizando con dos grandes de su tiempo
como fueron Trini España y Alejandro Vega,
y absorbiendo las enseñanzas de Pastora Imperio.
Más tarde, Rafael y Matilde estuvieron en la
compañía de José Greco, viajaron,
ya en 1964, a Estados Unidos para trabajar en el Pabellón
de España de la Feria Mundial de Nueva Cork,
y ese mismo año participaron en París
en el espectáculo ‘Antología dramática
del flamenco’, encabezado por Manuela Vargas,
y en la obra de José de la Vega ‘Lorca
y el flamenco’, presentada en Roma.
El año 1969 marca un antes y un después
en la historia del baile, ya que su mujer, Matilde
Coral, conforma Los Bolecos, un grupo formado junto
a Rafael el Negro y Farruco que hasta 1973 evidenciaron
en los anaqueles de la hemeroteca por qué fueron
una terna incotejable y llena de imaginación
poética y escénica que supo alcanzarnos
con un estilo brillante, vigoroso y lleno de frescor.
Acaso fuese esto lo que les valió para que
en 1970 obtuvieran el Premio Nacional de Baile de
la Cátedra de Flamencología y Estudios
Folklóricos Andaluces, de Jerez de la Frontera.
Pero su acción creadora no se detiene, pues
si en 1975 colabora con su mujer en ‘Arte flamenco’
para el XXI Festival Internacional de Sevilla, montaje
que precisamente mereció el Premio Itálica
al mejor espectáculo estrenado ese año,
en mayo de 1987 ofrece labores de apoyo para el estreno
en Sevilla del ballet Algarabía, que dicho
sea de paso fue el primer intento de crear un ballet
oficial andaluz, intento que volvió a repetir
dos años más tarde con la creación
de su Escuela de Baile Andaluz, compañía
para la que Matilde contó con la colaboración
de Juan Morilla y que presentó el 4 de mayo
de 1989.
Con todo, desde que en 1979, tanto Matilde Como Rafael
vienen dedicando prácticamente todo su tiempo
a la enseñanza desde el Centro Autorizado de
Danza que lleva el nombre de Matilde Coral, siendo
sus actuaciones, especialmente a partir de 1988, cada
vez más esporádicas y reservadas sólo
a acontecimientos muy relevantes y/o a impartir cursos
de baile y seminarios internacionales, por más
que una cruel enfermedad lo apartara de aquellas conferencias
que, junto con el que firma, tanto disfrutamos por
los escenarios más dispares.
Obvio es señalar, en tal sentido, que a lo
largo de su fecunda carrera, Rafael el Negro, dejó
su personal impronta de lo vivido desde la niñez
junto a la bailaora Carmen la Parejero, que fue quien
lo crió, y los replantes del cantaor El Maní,
de quien Rafael fue su más firme legatario.
No obstante, la mayor herencia de Rafael fue la armonía
de su primo Manuel, conocido en los ambientes flamencos
por El Titi Hijo, que sin duda fue el bailaor que
más influencia ejerció sobre este artista,
gitano y padre ejemplar cuya densidad provocó
el escalofrío y que condicionó su magisterio
a la sedosidad de la elegancia, por más que
desde 1972 le entraran unas ganas tremendas de tirar
las rodillas por la borda y apuntarse a la ortopédica.
Y es que, como acertadamente escribió en su
día el periodista Garza, Rafael el Negro sabe
de meniscos un rato.
Rafael el Negro, el amigo y maestro siempre en el
recuerdo, dice hasta luego con la admiración
de todos. Con él compartí el homenaje
de la Peña La Soleá, de Palma del Río
(1982), y el del Potaje Gitano de Utrera, y me brindó
el honor de exaltar su figura en los festivales de
Écija y Mairena del Alcor (1992), así
como en la VI Giraldilla de Lebrija (1995), en el
Festival La Fragua de Bellavista (1998) o en el I
Festival de Triana (2005), eventos en los que las
gracias por tanto arte fueron infinitas. Aquel afecto
se torna hoy, desde el Tanatorio de Servisa, en la
barriada de San Jerónimo, en palmas a compás
para quien le puso color moreno al duende de Triana.
Rafael
García Rodríguez, El Negro, nació
en Triana el 22 de abril de 1935 y falleció
en Triana el 18 de marzo de 2010
(Publicado
en El Diario El Mundo el jueves día18 de marzo
de 2010)
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