LA
BIENAL DE SEVILLA EMPIEZA CON EL PIE CAMBIADO
En una carta, remitida al director de la Bienal de
Flamenco de Sevilla, Domingo González, la asociación
de Artistas Flamencos (AAF), muestra su “desacuerdo
e indignación” ante la programación
elaborada con motivo de la Bienal del presente año.
Esta asociación se queja del trato favorable
que reciben unos y desfavorables, o casi nulo, una
gran mayoría de sus asociados y artistas en
general.
Sus quejas, entre otras, se centran en las repeticiones,
años tras años, de un buen número
de artistas; dejando fuera de programación
siempre a los mismos: “el 80 por ciento de su
programación está integrada por gente
que continuamente va a la Bienal y que incluso han
estado en la pasada edición”. Estas palabras
de la presidenta, Asunción de Martos, llegan
tarde; porque esto que ellos reivindican ahora, quien
esto firma lo ha hecho público, en más
de una ocasión. No obstante, considero que
ya era hora de que alguien –artistas- digan
públicamente las injusticias que se están
cometiendo, no sólo ya en la Bienal de Sevilla,
sino en otro muchos sitios como, por ejemplo, “Flamenco
viene del Sur”.
Me resulta curioso leer la exigencia de la AAF solicitando
“que exista una regulación más
democrática” dando así “más
posibilidades de estar en el cartel más artistas”.
Pero no dejo de asombrarme como se quejan, ahora,
de que “hay artistas que estarán en todos
los festivales que se organizan, y lo peor que no
es exclusivo de este año, sino que sucede desde
hace años. De esta manera, lo único
que se consigue, no es el fomento del flamenco, sino
el deterioro de él, ya que van minando las
iniciativas y la creatividad de los artistas que continuamente
ven las puestas cerradas”.
Ni que decir tiene, estoy totalmente de acuerdo con
sus reivindicaciones, pero con matices: en la programación
de la Bienal de Sevilla (y todos los eventos que se
organice con dinero público) debería
ir encaminada, no a favorecer siempre a los amigos
(ya saben: los funcionarios del flamenco) como ocurre
en la actualidad, sino a ofrecer una amplia visión
del panorama flamenco como “arte” y encaminada
a una divulgación de esta música en
su trilogía cante, toque y baile. Buscar nuevos
y creativos espectáculos que aporten algo novedoso
a este cada vez peor tratado mundo del flamenco. Que
no se permita, a los subvencionados, representar una
y otra vez los mismos eventos sólo rentables
para los propios artistas. Y sobre todo, y por encima
de todo, que al frente de los distintos departamentos
culturales pongan a gentes que sepan de qué
va esto y, por supuesto que no acepten el servilismo
como marchamo de autenticidad artística.
Enhorabuena a Asunción Demartos, su junta directiva
y socios que representan, por haber tenido la valentía
de decir lo que el 90% de los flamencos piensan y
tan sólo un reducido número de críticos
se atreven a publicar .
José
Ramón Zapata
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