| La
hipocresía de los escribidores
Uno,
que está a vueltas de casi todo, no deja de sorprenderse
con los vaivenes o bandazos que la mayoría de
escribidores de flamenco dan un día sí
y otro también.
En
mi anterior artículo de opinión les hablaba
sobre “la hipocresía flamenca llega a Internet”.
Pues bien, hoy también les quiero hablar sobre
la hipocresía, pero en este caso la de los críticos.
Sí, aquellos que un día están a
favor de un determinado colectivo y al otro día
lo crucifican. Claro que esto tiene su explicación:
donde dije “digo”, ahora digo “Diego”;
según me cierren el grifo, o no, del chollo económico.
Recordando
a Cervantes, en El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de
la Mancha, nos dice: “¿Qué locura
o qué desatino me lleva a contar las ajenas faltas,
teniendo tanto que decir de las mías?”.
Pues sí amigos lectores, los críticos
y escribidores de flamenco también rezuman hipocresía
por doquier. Aunque, y justo es decirlo, también
los hay honrados; pero éstos, se lo aseguro,
se pueden contar con los dedos de una mano.
Este
tipo de escalpelos, que se han abierto camino en el
mundo del flamenco haciendo de alfombra a todo bicho
viviente que pudiera introducirlos en el ambiente, son
el auténtico cáncer del flamenco. Suben
a un artista, o lo bajan, del pedestal según
le corresponda éste. Les da igual emular con
otros compañeros e imitar, si fuese necesario,
al caballo de Atila con tal de conseguir su objetivo.
Claro
que, a pesar de que existan medios de comunicación
que les den cobijo, seguirán oliendo a carroña
por mucho “perfume embriagador” que se unten.
Y
me despido diciéndoles: ¿por qué
ves la paja en el ojo de tu hermano y no ves la viga
en el tuyo? (Evangelio de San Mateo, VII, 3, y San Lucas,
VI, 41.
José Ramón Zapata
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